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Rewind

26 05 2006 - 12:56

[Ilustración: A. Groves]

1. Conversación de pasillo en la redacción de TP

Schmidt: Boludo, una vergüenza lo de la UBA. Puricelli, sos corresponsable de la renuncia del candidato con más votos. Ahí había que poner policías dos cuadras a la redonda y evitar que se evite la democracia. Un poco de evitismo.

Raffo: Estoy con Schmidt re Alterini. Que suceda al mismo tiempo que lo de Patti debería querer decir algo.

Puricelli: Bueno, se lo dijimos a él y a sus operadores: que no era sensato candidatearlo, porque ni siquiera era el mejor candidato posible de su bloque. Nuestras razones para no votarlo son muy otras que las de los troscos y tienen que ver con que es un conspicuo representante de la derecha en el ámbito del derecho civil. Digamos, nos hubiera gustado que nos dejaran votarle en contra (y que gane el que tenga más votos) en la asamblea que nunca permitieron que se haga.

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2. Lo que pienso cuando vuelvo a mi casa en subte.

A mi también me parece un espanto este asunto de Alterini. Y no le diría nada a Puricelli si no lo hubiera escuchado argumentar al respecto en el podcast. Cuando le oí decir que por qué no se negocia con el tipo para que se baje (de onda, o porque su candidatura ‘no da’, o algo parecido), me pareció un disparate. Respetable en tanto opinión ajena, y sobre todo de quien, como él, talla en política como ciencia. Ahora veo que Puricelli tenía cierta posta, que estaba en el tema y canalizaba discursos que estaban en el aire más cercano al tablao. Porque, digo, el tipo había cumplido con todos los requisitos legales para ocupar el cargo que se había ganado y para lo cual solamente tenía que pasar por la formalidad de la unción. Había cumplido además sin otra sospecha que una relación metonímica de las que desencadenan una caza de brujas, y tiene tan poca relación con una objeción ética concreta, que uno ve el desarrollo de la trama como cuando en una película te hacen trampa con el argumento. Al asesino lo descubren porque se saca los mocos y al mismo tiempo te dicen que los asesinos se sacan los mocos. Y cuando vas a decir perá, no entiendo, se terminó y ya está.

Lo que se produjo con Alterini me parece nada más que patoterismo y embarrado de cancha, y no entiendo en qué esquema político se puede considerar a una turba del MST como un actor político de peso, o a su método de taponamiento como una herramienta política novedosa. Tampoco entiendo por qué unos loquitos que ocupan la calle pueden dar lugar a considerar seriamente que la candidatura más seria ‘no da’, sobre todo cuando el análisis lo hace quien los ve precisamente como a unos loquitos que ocupan la calle. No es argumento el que se haya intentado evitar la represión y no se encontrara otra forma de controlarlos que no fuera reprimiéndolos. Tampoco que la UBA tiene su autonomía y entonces el gobierno nacional se atuvo a eso. O bien, sí, yo creería en esos argumentos si esto ocurriera en otra circunstancia. Pero resulta que esto ocurre el mismo día en que el congreso se pronuncia por la asunción de Patti, a dos días de la plaza del sí.

En momentos como este se me inflama la teoría conspirativa. No solo sucede lo de Alterini al mismo tiempo que lo de Patti, sino que ambos van en simultáneo con la opereta de los mails robados y publicados, y todo junto en la semana de la plaza del 25. Así como en los días previos al 24/3 aparecían las carpetas de Trelew (con las que se suponía que unos marinos de la Base Zar vigilaban a la civilidad), ahora aparecen de un saque varios hechos en los que de alguna manera ‘se marca’ a los malos, haciéndolos un guiso que va a parar todo al mismo tupper, traslúcido pero opaco de manera que no se ve lo que hay adentro.

El martes escuchaba un poco sobre el tema ‘espionaje electrónico’ en Radio de la Ciudad, y era todo demasiado extraño. Conversaban Nora Veiras con Mario Wainfeld. Todo quedaba reducido a tres premisas abstractas:

1) Fueron ex-servicios (versión albertista no cuestionada)

2) Hackear es facilísimo.

3) No hay que entrar en detalles por respeto a la intimidad de los implicados.

(1) ¿Por qué EX servicios? ¿Por qué no servicios a secas? Se asume siempre que los servicios son algo independiente del aparato estatal, inmanejables. Casi como si fuera lo mismo servicios que ex-servicios ¿Y si son manejables? ¿Y si la operación hubiera sido digitada desde el estado? ¿Por qué no se plantea esta duda paranoica?

(2) Es facilísimo contando con cierta información de entrada, a la que puedan tener acceso, por ejemplo, los servicios. O supongamos que cualquiera se entera de la dirección de mail de Santoro y le manda un anzuelo (sin contar con todos los accesos a cuentas de los personajes públicos escrachados) ¿Por qué los servicios no están enterados de la operación y la desarticulan? ¿Porque hackear es facilísimo pero contrarrestar no? Suponiendo que hayan sido ex-servicios, ¿por qué se supone que los servicios no tienen herramientas para detectar accesos indebidos? ¿Las técnicas más avanzadas de espionaje se aprenden al abandonar el servicio y no dentro del mismo? No pretendo discutir el asunto técnicamente, pero me quedo con la imagen que siempre parece imponerse de que los que tienen la posta son la mano de obra desocupada, mientras que los que están adentro parece que fueran sommeliers que detectan sabores de roble y lejanos retintines de chocolate en la cata, tal es su nobleza.

(3) La forma de encarar el tema de Seprin adjudicándose la primicia, es peor que la difusión de ese material en sí. Por ejemplo, una conclusión de la nota:

Y bueno, hacía falta que al menos alguien revelara quién es quién en estos tiempos…

El comentario justifica la operación como si tuviera fines didácticos, y no desentona con los comentarios de Alberto Fernández, extremo en su cinismo cuando dice ‘a mí también me publicaron los mails muchas veces’. Con la normalidad de quien habla de que vino el frío, manda eso porque a él no lo habrán agarrado con mails parecidos, ni lo van a agarrar porque él es bueno, mientras que los escrachados son malos. Con elipsis dice que él no es lo mismo que esos escrachados, y también que se atengan a lo que ponen en sus mails privados porque están jugando con la pesada y así son las reglas del juego. Quedarse en la premisa del respeto a la intimidad y nada más es meterse en un lugar común, que no da cuenta de la curiosidad morbosa de pispear, o el horror de querer apartar la vista y al mismo tiempo no, como cuando uno soñaba que se tapaba los ojos pero veía igual. Es también permitir que las únicas conclusiones que circulan sean las de Seprin…o las de Alberto
Fernandez.

En uno de los mails de la semana, Puricelli comentaba el disclosure diciendo:

Zaffa es un grande, a veces me siento obligado a ser K por el sólo hecho de que lo hayan nombrado en la Corte.

Y más allá del tono jocoso, me hizo recordar a una amiga que no veo hace unos cuantos años. Era asesora de un diputado radical, y en tiempos pre-Alianza me hablaba más o menos así (ella hablaba en serio), y a mí todavía no me daba malos presagios:

“Cada vez admiro más a los perucas. Ellos van de frente, se garchan a la amante a los ojos de todo el mundo y se la bancan, no andan con vueltas. Nosotros andamos escondiendo todo.”

Y a esta altura, digo: muchachos, basta de admirar a los perucas. Son mejores en lo que hacen cuanto más malos son, nada más. Son los únicos capaces de manejar el país porque son los que mejor pueden ejercer la coerción, la extorsión y el soborno, pero si eso es manejar mejor la política, entonces la política no vale la pena, a menos que sea para minimizar el daño infligido.

¿Qué tienen en común los hechos destacados de esta semana con los días previos al último 24 de marzo?

En principio, una sensación de que ‘se tomaron medidas’, ‘se decidieron cosas’, ‘no se llega con las manos vacías’. Pero también con la cara opuesta: las amenazas siguen ahí cerca. Si en marzo teníamos las carpetas de la base Zar en Trelew, ahora están los ex-servicios que pueden caer sobre cualquiera, por un lado. Y por el otro, los escrachados (incluso algún cercano al poder central, que equilibra el reparto). Al mismo tiempo, tuvimos ahí nomás el peligro de la tortura personificada dentro de la cámara de diputados, pero se destruyó este mal. Aclaro que estoy de acuerdo en que a Patti no le permitan asumir, pero no con los afiches que relacionan el voto a favor o en contra con el ir o no a la plaza el 25. Que al mismo tiempo suman evidencia a mi paranoia, al mostrar que un tema se relaciona con el otro cuando una mirada ingenua no tendría por qué unirlos. En lo concerniente al conflicto de la UBA, hay un disciplinamiento en torno a la liturgia del proceso como atributo metafísico. La lección es que se pueden llevar estigmas de la dictadura sin siquiera saberlo, o sin que intervenga otra prueba que un auto de fe. Guarda, que la vez que yo visité un cuartel con el colegio, comí una de las galletitas con mayonesa que nos daban los colimbas, e incluso se me ocurrió después relacionarla con la hostia. A ver si me convirtieron, todavía.


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Big Band Revival
Las dos caras de la enfermera
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