Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Diario del Mundial # 0

7 06 2006 - 11:36

Miércoles 7 de junio

1. Este es el principio de un diario del mundial. Nunca escribí sobre fútbol. Sin embargo, cuando tenía 15 años fui con mi amigo el Pato a inscribirme en el curso del Círculo de periodistas deportivos. Nos atendió un señor llamado López Pájaro (que resultó ser el padre de Julio Ricardo) y nos dijo que volviéramos cuando termináramos el colegio secundario. No lo hicimos. Una vez, hace dos mundiales y trabajando para Tres Puntos escribí un par de notas bastante malas. En realidad, quería que me dejaran en paz para ver los partidos tranquilo y propuse esos artículos. No reincidí hasta ahora.

2. De modo que esta es una deuda con mi adolescencia. Como todo verdadero aficionado al fútbol, y aunque haya miles de cronistas en Alemania y yo esté en San Clemente, creo que tengo algo que decir, que sé ver el juego mejor que la mayoría. Veremos si es cierto. Lo que no intentaré aquí es hacerme el gracioso, comparar el fútbol con la guerra o el Circo romano, utilizarlo como ejemplo sociológico o filosófico ni, sobre todo, ser condescendiente con el fútbol o exhibir calidades literarias que lo transformen en una épica o un sainete. La literatura es enemiga del periodismo. Aspiro, en cambio, a ser claro y no demasiado farragoso. En otra parte dejé aclarado que, en mi opinión, el fútbol está absurdamente sobredimensionado y es el motivo de horrendos desbordes chauvinistas. Pero no insistiré aquí con esos temas. Este es un escrito técnico. Su objetivo es poner en tensión lo que quiero que pase en Alemania con lo que en realidad vaya a pasar sin engañarme a mí mismo.

3. Como hincha de fútbol este es mi curriculum. Nací en 1951. Desde 1963 hasta 1980, aproximadamente y con algunos altibajos, fui un dedicado concurrente a los estadios. Seguí a River, pero también vi a otros equipos, como el Racing del 66 o el San Lorenzo del 68 (el mejor). En 1980-81 hice el curso de árbitro en la AFA. Comencé como profesional en 1982 pero no ascendí nunca. Fueron cinco años de quinta categoría: juez de línea de la C, la D y el Torneo regional, árbitro de inferiores de la C y la D, infantiles, fútbol sala. Poco digno, pero apasionante. En esos años vi muchísimos partidos, que aprendí a mirar siguiendo al árbitro. Después renuncié y dejé de ver fútbol. Primero en la cancha, después los torneos nacionales, por último —desde la mudanza a San Clemente—, veda absoluta hasta hace algunos días cuando reaparecí con los amistosos premundiales.

4. Pero vi todos los mundiales desde Chile 62 (ese año y en Inglaterra 66 los partidos se daban en diferido, filmados en 16mm). Cuando digo que vi todos los mundiales quiero decir que vi todos los partidos de todos los mundiales. Me perdí algunos de Alemania 74 porque murió Perón y no se televisaron y otro de Francia 98 porque estaba arriba de un avión. Lo absurdo es que me acuerdo poquísimo: unos pocos goles, unas pocas actuaciones, ráfagas de emoción, nervios. Todo pasa muy rápido. Tal vez el diario sea una manera de hacerlo más lento.

5. Como dije, no estoy en Alemania y voy a ver el mundial por televisión. Ni siquiera tengo un televisor gigante, ni pantalla de plasma ni nada. Apenas 21 pulgadas y una señal mediocre, agravada porque la vista se deteriora con los años. De por sí, esta es una desventaja enorme. El fútbol pierde muchísimo por televisión. En primer lugar, si bien los delanteros se hacen notar, es casi imposible apreciar el trabajo de los defensores, que aparecen y desaparecen de la pantalla. Y, por supuesto, es difícil reconocer a 23 jugadores de 32 equipos de los cuales uno conoce previamente sólo a una ínfima minoría. Allí es donde deberían ayudar los relatores y nombrarlos en cada intervención. Desgraciadamente, eso no ocurre, u ocurre cada vez menos por dos razones. La primera es que hace ya varios años se dejó de lado una exigencia que se aplicaba en las antiguas transmisiones: que los comentaristas estuvieran presentes en el estadio. Hoy, la mayor parte de las veces, están en el estudio y ven tan poco como el telespectador. La diferencia entre una y otra modalidad es abismal aunque todo el mundo se hace el distraído (al principio, cuando los comentaristas estaban en el estudio, el canal trataba de disimularlo; hoy se hace abiertamente). Pero, además, para evitar el enorme esfuerzo que implica reconocer a los jugadores, los que transmiten por televisión se acostumbraron a charlar entre ellos (muchas veces de cualquier cosa) en lugar de relatar el partido, costumbre que extienden a los casos en los que sí concurren a la cancha. Y así, distraen: no se puede mirar un partido con la concentración adecuada si hay dos tipos hablando. Como si esto fuera poco, a diferencia de los impecables relatores españoles, italianos o ingleses (que no gritan los goles y cuyo relato es una sucesión de apellidos), los argentinos opinan en demasía. En algunos casos con insoportable estridencia y mal gusto (hasta el extremo de un Marcelo Araujo o de un Bambino Pons). Otros, mucho más sobrios y más agradables como Alejandro Fabbri, tienen igualmente una tendencia a editorializar en exceso y a decir generalidades que, supuestamente, hagan la transmisión más amena. Con lo que es fácil llegar a la conclusión de que el fútbol en sí importa cada vez menos. La mejor prueba es que TyC, que transmitirá el mundial las 24 horas y que llevó a Alemania 50 periodistas, no se molestará, en la mayoría de los casos, en relatar desde el estadio.

6. Por supuesto, las cosas se agravan cuando juega Argentina. Los alaridos de los relatores se multiplican y se le agregan cábalas, premoniciones, fórmulas de aliento. Hace muchos años, incluso a gente tan patriotera como José María Muñoz, le parecía de mal gusto gritar los goles argentinos más que los de los contrarios. A ningún locutor se le ocurría interrumpir el relato con vivas al conjunto nacional. Se suponía que los relatores y comentaristas eran, ante todo, periodistas, y por lo tanto neutrales. Y si les salía el hincha de adentro, debían hacer lo posible por disimularlo. Volviendo a Muñoz y para ilustrar el hecho de que esas épocas eran muy distintas, es bueno recordar que tras la voluntaria ausencia argentina en los campeonatos de 1950 y 1954 y del tremendo fracaso de la selección en Suecia 58, Muñoz era casi el único cronista deportivo local que creía en los mundiales como eventos importantes, pero le costaba convencer a los oyentes.

7. Este es el momento para decir que no voy a ver el mundial en nombre de ningún conjunto de individuos sino en el mío propio: ni como argentino, ni como hincha de River, ni como ex arbitro ni como exiliado en la playa (esto tal vez, un poco). Por las dudas, y para contradecir una nota de Hernán Iglesias en este site, me importa muy poco que el arquero Lux no haya sido convocado y, recíprocamente, siento una enorme simpatía por Riquelme y por Tevez. Pero tampoco pienso hinchar por Argentina, a menos que, con el correr de los partidos, termine seducido por su juego. Entre todos los avisos de repugnante nacionalismo que los creativos publicitarios nos han inflingido en esta oportunidad, hay uno que me desconcierta particularmente. Es el que presenta un personaje que dice sentirse mal cuando Brasil, Inglaterra o Angola juegan bien. A mí, por el contrario, me gustaría que los 32 equipos jugaran bien. Ese, y no que Argentina gane el mundial, es mi sueño del pibe: la satisfacción de una fantasía infantil, con todos los colores y las banderas y un espectáculo noble e interminable. En realidad, lo que termina habiendo es una mayoría de partidos malos, agonía, eliminación, eventualmente, triunfo o derrota de mi equipo favorito y la sensación de que todo se acabó muy pronto. Sin embargo, algo queda: esos minutos de brillo en el juego, ese gol espectacular, esa actuación individual memorable, esa victoria merecida o la derrota de los italianos, habitualmente mis villanos más odiados por su ramplona avaricia.

8. Este equipo argentino, en principio, no me irrita. No lo dirige un maníaco obsesivo como Bielsa, que creía que en el fútbol se puede controlar completamente y hasta programar los resultados. Armó un esquema rígido y perfecto que no servía para nada (en tres partidos, Argentina creo dos situaciones de gol). Ahora no hay jugadores como Verón, Simeone, el Killy González, Samuel, de la escuela de los llorones patoteros. Aunque tengo mis reservas sobre el entrenador, los elegidos por Pekerman parecen, en principio, gente alegre y civilizada. Es la primera vez en años, creo. La primera vez que la selección argentina no parece aturdida por la inminencia del drama, por el miedo escénico o vaya uno a saber por qué. El problema es el juego. Muchos discuten a Riquelme. Yo prefiero perder con Riquelme que ganar con Verón, sobrevalorado mediocampista e imposible conductor. Riquelme es uno de los pocos jugadores que convierten el partido en una prolongación de sí mismos. Se hacen cargo del equipo, a veces para potenciarlo y a veces para maniatarlo. Pero nunca se esconde y, cuando pierde, no hay quien no lo señale como el responsable de la derrota. Con esa carga agonística, con esa exquisitez en el juego, con la limitación de su lentitud física y de un juego casi unilateral que lo hace frágil, ¿cómo no vivir el partido desde su puesto (como si fuera, en lugar de un futbolista, un quarterback de fútbol americano) con la esperanza de que juegue bien cada pelota y de que el equipo gane bajo su batuta?

9. Lo que me preocupa del seleccionado argentino es que Pekerman haya arriesgado a medias. Tuvo la valentía de convocar a Riquelme y darle el papel protagónico. Pero luego, lo rodeó de jugadores normales, que carecen de una creatividad sobresaliente. En Brasil, son titulares Ronaldo, Ronaldinho, Kaká y Adriano: al menos cuatro jugadores especiales (más Cafú y Roberto Carlos). Argentina tiene, además de Riquelme, a Messi, Tévez, Aimar: otros cuatro (más Lucho González y Palacios). Pero los titulares, al parecer, serán otros. Crespo y Saviola (Saviola empezó para otra cosa, pero su juego se ha achicado) crean poco y necesitan que los abastezcan debidamente. Maxi Rodríguez puede llegar al gol, pero no es un jugador fino, lo mismo que Cambiasso, ordenado y capaz de anotar pero rutinario. Es demasiado pedirle a Riquelme que toda jugada sutil, desequilibrante tenga que salir de sus pies. Para peor, todos los contrarios lo saben. Por supuesto, todos confían en las largamente insinuadas pero no del todo confirmadas cualidades de Messi (confieso que lo vi poco) arrancando desde el banco. ¿Pero si hay lesiones, si cuando entra es demasiado tarde? Hoy, a cuatro días del debut argentino, parece absurdo que Messi no juegue desde el arranque, aunque sea un rato. Su presencia le va a dar otro atrevimiento al juego y, después, si debe salir, el que entre va a tener esa libertad como espejo: lo peor de la Argentina (de cualquier equipo, en realidad) son esos largos, rutinarios minutos en los que nadie intenta nada y no se progresa en ofensiva.

10. Brasil es el candidato obvio. Parreira, como hizo Scolari en 2002, pone a todas las fieras en la cancha y que se arreglen: esa es la táctica. Están todos en un buen momento. Solo expulsiones, lesiones o un partido maldito como el que tuvo con Italia en España 82 pueden sacarle el campeonato. Después, no sé, casi no he visto a las otras selecciones. En los amistosos, Francia pareció un equipo interesante. Portugal mostró algo. El resto, incluyendo a Alemania, Italia y Holanda, muchas dudas. No vi a Inglaterra.

11. Aunque las estadísticas son obvias, no se las suele enunciar adecuadamente. Solo siete equipos ganaron mundiales: Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Inglaterra, Francia y Uruguay. Uruguay ya no corre, no sólo porque quedó afuera sino porque sigue decayendo año a año. De los otros seis, hay cuatro que forman la verdadera élite del fútbol: Brasil, Argentina, Alemania e Italia. El motivo es simple: son los únicos que ganaron un mundial de visitante. Inglaterra y Francia lo hicieron de locales, pero la diferencia entre una y otra cosa es muy grande. De modo que, como siempre, si uno debiera tomar apuestas, el orden sería así: Brasil, Alemania, Argentina, Italia (a la que hay que relegar un poco por el escándalo de los sobornos), Francia, Inglaterra. Luego vienen, por supuesto, Holanda que nunca concreta, igual que España, que no parece siquiera en un buen año. Es cierto, Grecia, con un equipo limitadísimo, que ni se clasificó ahora, ganó la Eurocopa. Pero en los mundiales, los milagros nunca ocurren aunque cada cuatro años las plegarias se multipliquen en el mundo.

12. Este mundial, creo, será mejor que el de Corea – Japón. Por una razón sola: el anterior se jugó en el fin del mundo y los jugadores de los equipos importantes llegaron con poco descanso. La mayoría se agotó prematuramente. La pelota, a su vez, parece mejor que la anterior, tan difícil de manejar (la FIFA es una institución tan absurda que Adidas decide en cada copa del mundo cambiar arbitrariamente de modelo sin que nadie controle el resultado). Con las últimas pelotas, cuando se aprende a controlar que no se vayan muy arriba, parece que se pueden marcar muchos goles de media distancia. Por último, con equipos que se estudian hasta el cansancio y que juegan parecido, los que jueguen con técnica la pelota tienen más futuro. Por lo menos, eso es lo que me gustaría. Hay que ver si ocurre. Pero, por lo pronto, en los amistosos que estuve viendo, no hubo ningún equipo, bueno o malo, chico o grande, que abusara del pelotazo. El progreso, después de todo, también existe.

Mañana, un capítulo sobre árbitros, arbitrajes y el absurdo Horacio Elizondo. Falta muy poco y el nerviosismo avanza.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


————————————

Del mismo autor:
Ultimas obsesiones
Fútbol por TV #9
Fútbol por TV #8
Fútbol por TV #7
Fútbol por TV #6
Fútbol por TV #5
Fútbol por TV #4
Fútbol por TV #3
Fútbol por TV #2
Fútbol por TV