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Diario del Mundial # 1.2

9 06 2006 - 15:40

Viernes 9 de junio. 19 hs.

Finalmente, Ecuador (2) – Polonia (0), que se jugó en Gelsenkirchen, llegó a San Clemente por la señal de TyC Sports, con Walter Nelson y Alejandro Fabbri transmitiendo desde un estudio en Munich. Algo es algo, pero no puedo dejar de mencionar de nuevo este absurdo. Para transmitir así, ¿no era más cómodo y más barato que los locutores se quedaran en Buenos Aires? Supongo que alguna explicación habrá, pero no se me ocurre.

2. En los últimos cinco minutos del partido, con todo definido, Polonia pegó dos tiros en los postes. Fue el único momento en que el equipo polaco mostró signos de vitalidad. Ecuador, prolijo, ordenado y eficaz le ganó con cierta comodidad. No es que le haya sobrado mucho. Se trató de algo distinto. Los dos salieron con un planteo cauteloso, tratando de defenderse concienzudamente pero sin groserías y sin descuidar la ofensiva. Cuando atacaban, trataban de cuidar la pelota y progresar agrupados. El segundo caso en el día de buen juego. Esta vez, dos equipos tratando de hacer las cosas aplicadamente, aun dentro de sus limitaciones. La diferencia entre uno y otro fue que Polonia parecía carecer de toda destreza para desequilibrar y definir, mientras que Ecuador pudo hacer valer sus recursos. En primer lugar, las subidas de su lateral derecho Ulises de la Cruz, posiblemente el jugador más destacado del partido (como decíamos ayer, es difícil juzgar la actuación de los otros defensores ecuatorianos, a los que se vio muy sólidos). Luego, la capacidad para definir de sus delanteros Agustín Delgado, Carlos Tenorio y el sustituto Iván Kaviedes. Pero, además, en cada pelota que disputaban un ecuatoriano y un polaco, solía ganar el ecuatoriano, como si en conjunto unos tuvieran más habilidad y más respuesta física que los otros.

3. Para Polonia fue una noche nefasta, de esas en las que un equipo se ve paulatinamente sepultado en la impotencia y termina resignado y habiendo perdido no sólo el partido sino, la confianza en sus posibilidades. Es casi imposible saber qué más tenían los polacos que los llevó a clasificar con cierta facilidad para el Mundial. Y es poco probable que lo averigüemos en lo sucesivo. Perder tan claramente en el primer partido contra un equipo que ni siquiera es el favorito del grupo, suele llevar a la eliminación inexorable. Y es una lástima cuando un equipo se va de un mundial sin haber mostrado su mejor fútbol. En estos casos se suele hablar de cobardía o falta de temple, pero yo creo que es otra cosa: la sorpresa ante una adversidad importante e inesperada, como si los jugadores se hubieran levantado habiendo olvidado cómo jugar. Para Ecuador, en cambio, se abre el camino para una clasificación relativamente tranquila para la segunda fase. Para eso, deberá simplemente ganarle a Costa Rica en el próximo partido, lo que parece muy factible.

4. El árbitro japonés Kamikawa actuó criteriosamente en otro partido partido muy correcto. Se apresuró, sin embargo, en dos tarjetas amarillas sobre un total de tres. Podría habérselas ahorrado. La tercera fue por la nueva disposición de FIFA que comentamos antes: obstruir la ejecución de una falta después de haberla cometido. Esto ya se podía penar antes (es una caso de “conducta antideportiva” y de “retardar la reanudación del juego”) pero es bueno insistir. Es una de esas pequeñas ventajas molestas que se hicieron costumbre. Hoy hubo un total de cuatro tarjetas amarilla, ninguna roja y ningún penal. Por ahora, vamos bien en este rubro aunque hubo dos tarjetas de más. Pero también es muy auspicioso lo que hizo el juez de línea coreano que, convalidó correctamente el segundo gol en una jugada al límite del offside. En otra época, los líneas solían levantar la bandera ante las jugadas dudosas. En total, hoy hubo tres goles (dos bien convalidados, uno no pero por micrones) que en otra época se hubieran anulado. Otra mejoría.

5. Y vamos muy bien en placer futbolístico. Fueron dos partidos agradables. Es muy interesante ver fútbol sin hinchar por nadie, apreciando como los dos equipos se las ingenian para imponerse al contrario con buenas armas y haciendo todo lo que pueden ese día. A veces es poco, como en el caso de Polonia, pero hay cierta grandeza en la transparencia de la propia frustración. Los que no piensan así son los periodistas deportivos. Yo creo que ven demasiados partidos, que están saturados. A la mala intención de Niembro ya comentada, se agregó en el segundo partido una actitud fastidiosa de Fabbri. La doctrina de los comentaristas argentinos se apoya en la fantasía (una fantasía muy represiva, muy castradora, podríamos decir) por la cual sólo se pueden convertir goles a partir de errores del adversario. Así, cada gol, en lugar de ser motivo de celebración y elogio de los delanteros, debe ser una ocasión para el reproche y escarnio a los defensores. Cada vez que una jugada sorprende a los contrarios, se debe a una “ingenuidad”. Hoy, en lugar de festejar las interesantes incursiones de De la Cruz en el ataque, Fabbri les reprochaba a los polacos no haber visto los videos correspondientes de la liga inglesa donde juega el ecuatoriano. Creo que el hombre está un poco paspado.

6. Es muy agradable escribir este diario. Cuando uno ve fútbol, se queda con un montón de sensaciones adentro, demasiado cargado de nervios y emoción. Escribir permite descargarlas amablemente. Es una buena catarsis para el empacho futbolístico. Así lo espero al menos. Veremos al final.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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