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Hernanii Mundial

10 06 2006 - 15:49

Vi el partido solo, en el sillón de mi casa, sin haberme duchado, en la misma posición en la que a las nueve de la mañana había visto Inglaterra-Paraguay y, a las doce del mediodía, Suecia-TyT. Rechacé dos ofertas para ver el partido en patota: una en un bar-pizzería de Midtown, rodeado de una cantidad de argentinos imposible de definir con antelación y frente a dos pantallas gigantes cuya calidad sólo podría evaluar en ese momento; y otra en Inwood, un sub-barrio de Harlem, con pocos argentinos y muchos no-argentinos, a donde Semán me quiso arrastrar con la promesa de medialunas y dulce de leche. Mantuve mis convicciones y mi domicilio: son las seis y veinte de la tarde y todavía no salí de casa. Comprendo a quienes les gusta ver el partido en multitud –una buena ocasión para beber y hacer encares sexuales en la siempre fácil cancha de la excitación colectiva—, pero también sé que para quienes concurren a estas reuniones el fútbol es sólo uno de los muchos ingredientes prometidos por la jornada. Como actualmente estoy fuera del mercado de carne, y realmente tenía ganas de ver el partido, de absorberlo y sentirlo hasta el más mínimo detalle, me arriesgué a ser calificado de amargo, y dije no. Qué bien la pasé: ocho horas en el sofá sin culpa ni reproches –la señora de la casa ha logrado comprender la importancia del evento— llenándome de fútbol y de la inexplicable electricidad que tienen los primeros ocho o nueve días de cada Mundial.

Qué difícil que está siendo leer cosas interesantes sobre la Copa del Mundo, sobre todo desde que El País sólo nos permite acceso a los cables y nos niega a Segurola y los demás. Si alguien tiene algún columnista o un diario o algún blog que agregar a los que ya todos conocemos, por favor que escriba y nos avise. No quiero armar una polémica con esto, ni hacer un “gran análisis” sobre el estado de la prensa deportiva, pero el hecho de que solamente Quintín se haya entusiasmado con el juego de Alemania, comparándolo con el histórico amarretismo germánico, me parece deprimente. Se repite mucho y se piensa poco. Y cómo rompen las pelotas con los “errores defensivos”. Pero esperemos, ya aparecerá algo: estoy ávido, con muchas ganas de leer, y la mayoría de lo que me encuentro me dura muy poquito, o me parece que ya lo leí, o no tengo la energía para excavar por debajo de los lugares comunes, o desperdician el primer párrafo hablando de “sensaciones”. Por ejemplo: me gustaría ver mañana que alguien destaque algo más que “la garra y el corazón” de Trinidad y Tobago, y que alguien note que, con uno menos, Beenhakker sacó a un volante y puso a un casi-delantero, el que metió el tiro en el travesaño. TyT se salvó de milagro, pero además jugaron bastante bien, y eso que tienen dos o tres jugadores –especialmente el blanquito— a los que les costaría ser titulares en un equipo medio de la B Nacional. Demasiado temprano para hablar de Argentina. Primero que lo haga Quintín.


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