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Diario del Mundial # 3.1

11 06 2006 - 09:16

Domingo 11 de junio. 12.30 hs.

1. Hoy no hubo tiempo para el prólogo matutino. Por otra parte, en San Clemente amaneció con dos grados bajo cero. Yo estaba muy preocupado por saber si, finalmente, se iba a ver el partido de la mañana. Hasta ahora, los partidos que da en directo TyC se ven en la señal correspondiente, pero los otros se vieron con la imagen de Telefe a través de Canal 8 de Mar del Plata, mientras que las repetidoras de los otros canales de la capital que transmitían los partidos mostraban otra cosa a esa hora. Hoy era la primera vez que se jugaba un partido que no iba por Telefé ni por TyC, sino exclusivamente por el 13. Desde las nueve y media, recorrí nervioso los canales en sentido ascendente, descendente y salteado pero ninguno daba señales de vida futbolística en directo. Ayer, el partido de Argentina llegó por tres señales, una del cable local y dos del 8 marplatense. A las 9.55 estas dos seguían mostrando las barras verticales de ajuste y el 13 un logotipo. De pronto, en un último zapping desesperado, alrededor de las 9.57 estaciono en Canal 7 donde un locutor con una imagen del equipo serbio de fondo anuncia que el canal transmitirá en unos momentos el partido “para el interior del país”. Falsa alegría. Unos segundos más tarde, la imagen se queda congelada y luego se pierde el sonido. Se hacen las 10 y me quedo esperando que la señal reviva. Pero eso no ocurre. Le comento a Flavia lo que sucede e intento mostrarle la imagen congelada en el otro televisor. Cuando trato de llegar ahí, de pronto aparecen unas camisetas naranjas y otras blancas. Era el partido, que venía por una de las señales del canal 8, mudas hasta la hora exacta del partido.

2. Así fue como, desde los 8 minutos del primer tiempo, vi Holanda (1) – Serbia y Montenegro (0). La transmisión llegaba con dos voces. El relator, discreto y amable, con un acento que no pude reconocer (¿centroamericano?, ¿peruano?) debía estar viendo las imágenes en un celular, porque era muy raro que identificara a un jugador correctamente. Pero después de una exceso de Telefé, escucharlo al hombre era un bálsamo. El comentarista, que me sonaba conocido, resultó ser Diego Latorre, ex futbolista odiado por concheto por sus colegas y ex novio de Zulemita Menem. El asunto viene a cuento porque, de entrada, ante un comentario de su compañero sobre la vida privada de un jugador, Latorre anunció: “esto es lo bueno de esta transmisión, también nos ocupamos del run-run del espectáculo”. En fin. Los comentarios de Latorre fueron monótonos pero igual se las arregló para hacerlos contradictorios e incoherentes (y un poco conchetos, como cuando dijo “This is the man of the game”, como si estuviera transmitiendo tenis), pero no molestaron demasiado. Todo menos Niembro y Pons. Aunque claro, Latorre es panelista de uno de los programas de Niembro. Además, tener los otros canales de aire no resolvería mucho: en uno está Araujo y en el otro Bilardo. La gavilla de los impresentables domina el dial. Esta emisión para algún lugar de Latinoamérica es de lo más ecológica. Fue difícil saber su origen y destino exacto, porque apenas terminó el primer tiempo, la imagen volvió a Canal 8 y pudimos ver una misa que terminó justo para el segundo tiempo.

3. El partido fue otro síntoma de que, a pesar de mis deseos en contrario, nos aguarda un mundial con la especulación como signo. Serbia es el equipo más gris de los que se presentó hasta ahora. A diferencia de los Polacos, que no supieron ni pudieron, los serbios no quisieron. Salieron a defenderse y a tratar de pescar un contragolpe atacando con dos jugadores y medio. Rápidamente se encontraron perdiendo, pero no cambiaron demasiado el juego. Los jugadores estuvieron siempre muy separados entre sí y los delanteros aislados entre una maraña de defensores. A los 42 minutos del primer tiempo, el técnico hizo un cambio y entró el número 7, Ognjen Koroman y Latorre dijo “este sabe jugar”. Tenía razón. Resultó ser un jugador muy interesante: hábil, agresivo y con pasta de caudillo, me hizo acordar al legendario búlgaro Stoichkov. Parecía de esos tipos que pueden modificar la historia futbolística de un país si se los pone a cargo del equipo. Pero el técnico lo mandó al banco. Y para colmo, en el segundo, una actuación que pintaba para más importante se fue diluyendo cuando salieron Kezman y Milosevich, los otros delanteros titulares. Nada para Serbia, otro equipo que tiene aspecto de irse del campeonato sin pena ni gloria.

4. ¿Y Holanda? A su modo, también fue una decepción. Porque tampoco jugó a nada. Estructurada para el contragolpe (a pesar de que sus jugadores parecen tener técnica para conservar más la pelota), al encontrarse con un rival que jugaba de la misma manera, cayó frecuentemente en la intrascendencia. Pero para Holanda jugó Arjen Robben. Es un jugador que no se parece a nadie que yo haya visto antes o, al menos, no me viene a la memoria. Zurdo, muy hábil, pegado a la banda izquierda, recibe la pelota y encara a los defensores, los supera y se mete en el área para patear al arco (hoy no hizo un solo pase, como si tuviera esa consigna o fuera muy morfón). Pero Robben también puede hacer lo mismo desde la derecha. Y picar por el medio para recibir un pase y definir con exactitud, lo que le dio el gol y el triunfo a su equipo. Robben parece incansable y hoy emprendió sus solitarias arremetidas durante todo el partido. Un excéntrico del fútbol, en el que su equipo depositó toda su ofensiva. Ignoro lo qué puede pasar con Holanda el día en que Robben no esté inspirado y no tenga una actuación sobresaliente como la de hoy. Pero viendo a estos dos equipos, Argentina parece tener la clasificación asegurada.

5. Dicen que el árbitro alemán, Marcus Merk, es el favorito de FIFA y se nota la causa: en un partido correctísimo, mostró nada menos que seis tarjetas amarillas de las que ninguna me pareció pertinente. La FIFA debería poner una regla que diga: “un jugador si, al chocar con un contrario, este cae aparatosamente.” Así por lo menos se aplicarían las reglas. Porque acá, juego brusco no hay.

6. Me gustaría saber qué piensa Hernán Iglesias del partido de Argentina y celebro su decisión de verlo en soledad, alejado de patrioteros y/o kirchneristas. Y ahora empieza el que parece el grupo más flojo del mundial. Hasta luego.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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