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Hernanii Mundial #2

11 06 2006 - 19:36

Quintín quiere que escriba de Argentina, pero 24 horas después ya se me fue bastante de esa energía irracional que le permite a uno decir cosas semi-graciosas sobre un partido de fútbol. Sí me gustaría hablar un minuto sobre el concepto de “tener la pelota”. La weltanschauung del fútbol argentino dedica un cariñoso casillero a la idea de “tener la pelota”, que consiste idealmente en bajar la velocidad de un partido en el que uno va ganando con pases laterales y al pie, y cuyo objetivo es exasperar y desalentar al rival. A muchos jugadores incluso se los valora por su capacidad para “tener la pelota”, y probablemente haya sido esa cosmovisión la que detonó ayer en la cabeza de Pekerman para meter a Lucho González en lugar de Saviola. Más allá de la actuación de Lucho, que no fue buena, hace ya un tiempo que tengo la sensación de que esta cosa de “tener la pelota” funciona cada vez peor y que es uno de los muchos mitos –como el del “10” con poderes plenipotenciarios— a los nos vendría muy bien sacarnos de encima.

En la última media hora del partido de ayer, cada vez que el equipo intentó conscientemente “tener la pelota” –esto es: Riquelme o cualquier otro frenando una posibilidad de contraataque porque suponían que era más útil dársela a Burdisso o a Mascherano y “tener la pelota”—, el desenlace fue casi siempre igual: cuatro o cinco pases, el último de ellos a Ayala o Heinze, quienes, ya con los rivales encima, la tenían que reventar lo más lejos posible.

Lejos de exasperar a los marfileños, el mensaje que emitía Argentina era “ya no atacamos más”: con un solo delantero y la voluntad falsamente toquetera del medio, Argentina se negó durante la media hora final la posibilidad de meter un gol (creo que pateó una sola vez, aquella de Riquelme que el arquero dio rebote y Maxi Rodríguez la metió en off-side), envalentonando a los marfileños, que apretaron el puñal entre las mandíbulas y fueron a ver qué pasaba. Terminamos pidiendo la hora en un partido que hasta el minuto 60-65 estaba controladísimo. Creo, entonces, que el recurso de “tener la pelota” está sobrevalorado, por lo menos en sus aplicaciones prácticas: teóricamente puede servir como un slogan de motivación espiritual, que sirva para convencer al equipo que Argentina debe ser uno de los equipos amigos de la pelota, de los que disfrutan y saben hacer daño con ella. Pero si “tener la pelota” sólo sirve para sacarnos filo, hacernos inofensivos y perder la bola sólo 15 segundos después de que si hubiéramos intentando llegar al área de forma más directa, entonces casi siempre se vuelve en contra.

Me despido con una preocupación: el equipo, contra lo que habíamos pronosticado algunos, parece más armado en función de Sorín que de Riquelme. Los técnicos, como buenos semidioses que disfrutan del control de quienes tienen a cargo, son en general partidarios de la simetría: la mayoría de los equipos, si se los corta con una línea que va de arco a arco, casi siempre tienen el mismo aspecto de un lado que del otro. No es el caso de Argentina, que nominalmente tiene cuatro defensores pero muchas veces tiene tres, por el adelantamiento del capitán. Esto no sería un problema –la flexibilidad, bien administrada, casi siempre es beneficiosa— si no obligara a Cambiasso y a Mascherano a amontonarse en el medio (Y a que quizás por ese motivo Pekerman dejó a Zanetti en Buenos Aires y convoca laterales derechos con nulos entusiasmos ofensivos).

Cambiasso y Mascherano jugaron bastante mal ayer. No lo hicieron en línea, sino que Mascherano jugó más atrás, casi con el traste entre los centrales, y Cambiasso por delante, saliendo a presionar a veces. El carril izquierdo, pista libre para Sorín; el derecho, compartido entre Burdisso y Maxi Rodríguez, uno más retrasado y otro más adelantado que Sorín. Es una ingeniería táctica que puede funcionar: así fue durante dos tercios del partido contra Costa de Marfil. Pero funciona sobre piolines: así como está no se puede lesionar Sorín y sólo se puede cambiar a Maxi Rodríguez por Lucho González, únicos derechos con espíritu de mediocampistas y llegada decente al área contraria. (Además, con el esquema como está, solo pueden jugar o Tévez o Messi. Por ahora no lo está haciendo ninguno de los dos, por lo que tener a uno adentro ya sería bastante. Pero los dos juntos, con el equipo parado así, parece bastante difícil).

Finalmente, ninguno de los diarios notó el gran cambio de Beenhakker con TyT, que puso a un delantero en lugar de un volante cuando se quedó con uno menos: todo el mundo destaca el “tesón” y la “garra” de los triniteños, quienes la tuvieron, pero nadie tuvo ganas de mirar el real partido de fútbol que se estaba jugando. Otra notita sobre TyT: emocionante ver a Dwight Yorke, delantero-goleador de los que sólo juegan de eso, de meter goles, a los 34 años jugando de “5” a lo Omar Palma o Jorge Burruchaga en sus últimos años en Central e Independiente: sin tirarse al piso, tocando para los costados, domesticando a las fieras que los corretean sin parar por los costados.

Mañana, como agradecido residente con green card, hincharé por Estados Unidos en el partido contra los checos: un poco porque me hace gracia, un porque los checos son uno de los equipos más over-hyped de los últimos años y un poco porque es el único suceso mundial donde EE.UU. todavía tiene algo del romanticismo de las cenicientas.


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