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Diario del Mundial # 4.1

12 06 2006 - 09:25

Lunes 12 de junio. 13 hs.

1. Australia (3) – Japón (1) fue un auténtico partido raro. Descontando una derrota con Brasil, los dos equipos salieron a ganar. Más físico Australia, más técnico Japón alternaron ataques durante los primeros minutos. A su manera, jugaban bien, con entrega y vocación ofensiva. El problema de ambos era el mismo: la dificultad para convertir un gol a partir de las limitaciones técnicas de cada uno.

2. Pero a los 25 minutos ocurrió el primer hecho inesperado: un centro japonés se convirtió inesperadamente en gol. Pareció que hubo foul al arquero, que salió muy mal, pero después de ver cincuenta repeticiones me convencí de que no fue así y que acertó el árbitro egipcio.

3. Inmediatamente, hubo un tiro al arco peligroso de Australia, pero desde allí a los 35 minutos del segundo tiempo, Japón controló el juego con un arquero seguro, una defensa bien plantada que, con orden, prolijidad y hasta gracia, salió jugando de atrás y no descuidó el ataque. Era para felicitarlos a los japoneses: una victoria elaborada con las mejores armas y hasta con cierto brillo estético, un poco hueco (como el pop japonés) pero ciertamente meritorio. Los australianos, entre tanto, eran sólo empeño e impotencia. El técnico había hecho entrar una parva de jugadores ofensivos, incluso Cahill y Aloisi, largamente reclamados por los relatores Nelson y Fabbri, pero sin ningún resultado.

4. Pero faltando diez minutos el fútbol volvió a mostrar su imprevisibilidad. Cuando ya los australianos se resignaban e, incluso, parecía que Japón podía aumentar de contraataque, salió mal el arquero japonés y, tras un par de rebotes, empató Australia. La sorpresa se transformó en estupor, cuando en los minutos restantes convirtió dos goles más, en realidad dos golazos a cargo de Aloisi y Cahill (que ya había convertido el primero), para satisfacción de los comentaristas de TyC. Era la primera vez en el mundial que se daba vuelta un resultado. Al final, los australianos festejaban y los japoneses sufrían, pero nadie entendía bien lo que había pasado.

5. El árbitro, como dije, acertó en el gol de Japón, un jugada que se discutirá hasta el cansancio. En TyC vieron foul como también vieron un penal no cobrado a Japón en el final (cuando iban 2 a 1) que a mí no me pareció tan claro y debería ver de nuevo. Pero El Fatah no dirigió bien, inventó infracciones y mostró seis amarillas (tal vez siete, por que creo que la TV no mostró una). Alguien debería tomar nota de que no es lógico que una cuarta parte o un tercio de los jugadores se vaya amonestado en un partido en el que no hubo ni siquiera un foul fuerte.

6. Leí atentamente la nota de Hernán Iglesias. La desmitificación que propone es interesante, pero tengo dos objeciones. La primera creo que es meramente semántica. Digo “meramente” porque me parece que, en realidad, no hay una discusión. Cuando se habla de “tener la pelota”, no creo que nadie piense que esto consista en quedarse parado hasta que alguien venga a quitársela. Por el contrario, es bueno que el equipo propio esté en posesión de la pelota para que, con ella, se ataque y, no sólo se pueda definir el partido, sino para obligar al contrario a defender, a cuidarse y a no invertir tanto en su propio ataque. Tener la pelota es lo contrario tanto de tirarla a cualquier parte como de jugarla sin convicción y facilitando la respuesta adversaria.

7. En cuanto al equipo argentino en particular, me parece que si no atacó en los últimos veinte minutos, si se dejó sacar la pelota, no fue porque no quiso sino porque no pudo. Hay un viejo dicho del fútbol, “los contrarios también juegan”, que aquí se aplica perfectamente. En mi opinión, la selección argentina sintió cansancio y los nervios del debut que se tradujeron en algo muy común en los jugadores: esperar, con un deseo irracional, que llegue el final descuidando la concentración necesaria. Este estado mental produce imprecisiones en el juego que se van contagiando. En esas circunstancias, el contrario se agranda (el partido de hoy fue un buen ejemplo de esos cambios de corriente que se dan en el fútbol) y, por otra parte, Costa de Marfil demostró se un buen equipo.

8. Creo que hay un error generalizado en las discusiones futbolísticas en la Argentina. Se habla como si todo pudiera planificarse, como si un partido fuera una obra de ingeniería. Se fuerzan así, todo el tiempo, callejones sin salida contrafácticos: el técnico debería haber hecho esto o aquello. En el fondo, es como si se discutiera a partir de la omnipotencia, con una cancha en la que solo está el equipo propio. De la misma fuente viene la idea de que los contrarios no pueden hacer goles más que si se los deja. Pero esa, como dije antes, es la doctrina futbolística local. Y ahora me voy a ver si es cierto lo que dice Iglesias de que los checos son un mito.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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