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Diario del Mundial # 4.3

12 06 2006 - 15:49

Lunes 12 de junio. 19.30 hs.

1. Confieso que tengo un trauma con los italianos. Desde que le ganaron por casualidad a aquel equipo de Brasil en España 82 y salieron campeones después de haber empatado todos los partidos de la primera ronda, cada vez que los veo jugar me agarra bronca. No lo puedo evitar. El prejuicio es más fuerte que yo.

2. También es cierto que algo hacen para merecer ese odio: juegan mal. Lo peor es que la mayoría de las veces juegan mal y ganan. Pero a veces juegan mal y pierden y, entonces, me pongo contento. ¿Por qué digo que juegan mal? Porque siendo bastante capaces, reniegan de toda sutileza y de toda generosidad. Son roñosos. En un partido de Italia (ya sea en el campeonato o cuando juega la selección), cada jugada es sucia, trabada. Corren y corren, marcan y marcan, le dan para adelante y no conocen la pausa ni el lujo, como si fueran un equipo de inferior jerarquía. Juegan como un equipo chico que se va a defender a la cancha de Boca o de River y solo puede ganar esos partidos si los otros se descuidan.

3. Para los equipos italianos rigen reglas únicas. La más absurda de ellas es que no se puede poner a dos jugadores talentosos adelante. En los mundiales, siempre llevan dos, pero sólo juega uno por vez. Nadie les dice nada cuando ganan, pero cuando pierden, al final, los ponen juntos para que sea de ellos la culpa de la derrota. El sistema es completamente perverso. Este año, como en el 2002, los talentosos son Totti y Del Piero. Hoy jugó sólo Totti que, además, está medio lesionado. Cuando tuvo que salir, como iban ganando, ni siquiera entró Del Piero sino el italoargentino Camoranesi, un correcaminos monótono e infatigable. La gran audacia del técnico Lippi en Italia (2) – Ghana (0), el partido de hoy, fue poner a dos delanteros de punta (normalmente juega uno solo y el dogma itálico prohíbe que sean dos), como los que se negaba a poner Bielsa en el 2002. Claro que esos dos delanteros, Toni y Gilardino, son de esos centrodelanteros a la italiana: sólo corren, cabecean y patean al arco. Nunca dan un pase, nunca frenan, nunca tiran una pared. Hoy, en un par de ocasiones, quedaron solos frente al arquero y lo fusilaron tirándole la pelota al cuerpo. No se les va a ocurrir tirarla suave al costado o por arriba, amagar, parece que lo tienen prohibido.

4. De modo que se sabía cómo iba a jugar Italia. Vértigo, carreras, juego vertical, pim, pum, pam. Hasta que hiciera un gol. Después a defender y pim, pum pam pero desde más atrás, pelotazo y pelotazo. Ghana pareció el rival perfecto para los italianos. Igualmente acelerado, la técnica de sus jugadores es buena pero no lo suficiente como para ganarles a los defensores de Italia. Y atrás son menos cuidadosos. Los italianos, además, en su estilo, estaban inspirados. Voluntariosos, ágiles y de buen humor (que para otro equipo sería malo): se quejaban menos que de costumbre, no se reprochaban entre ellos, no hacían gestos para la tribuna ni perdieron mucho tiempo cuando ganaban. Me parece que como en Italia hay un escándalo y están todos sospechados de corrupción, quieren hacer buena letra y estuvieron bastante seriecitos.

5. El partido, finalmente, no fue tan malo. Fue rápido y los dos buscaron. Cuando parecía que los africanos podían empatar si Italia se seguía tirando atrás y renunciando al ataque, cometieron un error terrible en defensa y entonces Iaquinta (otro delantero burro, pero más alto y más lento, que había entrado por Gilardino) metió el segundo gol. En realidad, Ghana no llegó a inquietar demasiado a la defensa. No me doy cuenta de cuál es el potencial de ese equipo. Hoy jugaron a la italiana. Italia, a su vez, será como siempre peligrosa y, a menos que tenga mucha suerte, le faltará grandeza para llegar hasta el final. Después de 24 años de eliminaciones vergonzosas por exceso de amarretismo, los italianos podrían intentar un cambio. No lo harán, por supuesto. Son como los alacranes. Pero hay que agregar una cosa. Hay en el equipo un jugador de verdadera clase: Andrea Pirlo (que hoy hizo el primer gol) tiene una enorme calidad y, como hace en el Milan, maneja los hilos desde atrás y le da una cuota de inteligencia futbolística de la que sus compañeros carecen.

6. El árbitro Simón sacó las tarjetas reglamentarias y no dirigió mal, pero dejó pegar unas cuantas patadas. Lo que demuestra que es muy difícil dirigir con reglas mecánicas en lugar de confiar en el criterio de los árbitros. No puede ser que en un partido sin ningún golpe se saquen más tarjetas que en otro con signos de violencia. Las tarjetas deben ser consecuencia de una incorrección, no de una disposición burocrática. De todos modos, hasta ahora, todo está saliendo a pedir de FIFA y ya se habla de los buenos arbitrajes de este campeonato. Es cierto es que nunca se jugó tan limpio. Ah, y van once partidos sin ningún penal y con un solo expulsado.

7. La transmisión de hoy empezó a llegar desde un canal en el que participaba Juan Pablo Varsky, cuyos comentarios me molestaron sobremanera. Hablaba sin parar, pronunciaba los nombres italianos como si estuviera en Roma e intentaba mostrar una agudeza totalmente forzada, como si fuera de otra clase social que sus colegas porque estudió en otro colegio o algo así. Un pelmazo. Cuando iban quince minutos, de pronto, esa emisión se interrumpió y, en su lugar, empezó a llegar la señal de canal 7 para el interior.

8. No identifiqué al locutor, pero el comentarista era ese tipo que el domingo se quedó congelado en la pantalla. Resultó ser Esteban Pogani, ex arquero, que parecía venir del curso de técnico, porque decía cosas como esta: “hay que prestar mucha atención a los saques laterales” o “el fútbol de hoy es una búsqueda de acortar el tiempo y el espacio” o “si un equipo presiona en el ataque tiene siete veces más posibilidad de gol que si no lo hace”. Esto último no lo decía en forma metafórica, como quien dice “un montón de veces”, sino como un enunciado estadístico. En el entretiempo, no pude ver al otro integrante de la dupla cientificista, porque en lugar de aparecer ambos en el consabido escritorio frente a la cámara, Pogani estaba acompañado de una chica. ¿Sería un travesti el relator? Lo que sí pude, fue ver los avances de otros programas del siete. En uno de ellos, para discutir el mundial se anunciaba la participación de un especialista: el Ministro del Interior Aníbal Fernández. Después de todo, no está nada mal que se saque las ganas de hablar de fútbol. Yo acá tengo TP para expresarme, Fernández tiene el canal 7, cuyo nuevo eslogan identificatorio es “la televisión pública”.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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