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Conurbano Express

1 10 2004 - 09:36

La humanidad tuvo suerte de que Argentina no haya vivido aún un atentado de la magnitud del de Nueva York en el 2001. Mas suerte ha tenido en que su tierra llena de oportunidades haya dejado de atraer inmigrantes en tropel desde ya medio siglo.

Pero a los desheredados del mundo que no les quedó otra que probar suerte en la provincia de Buenos Aires —es decir, los que están al final del tarro de morrones— les espera una digna de Donald Rumsfeld and The Holy Motherland.

Al menos de acuerdo a lo que dice Infobae sobre un proyecto con sanción de la Cámara de Diputados provincial para limitar la apertura de comercios extranjeros. “La iniciativa,” dice la didáctica explicación del diario, “que aparece enmarcada por la proliferación en los últimos años de comercios instalados por inmigrantes chinos y coreanos recién llegados al país, y a los que se dirigía en rigor la norma, aunque no lo explicita…”

Ahora me quedo más tranquilo.

Puesto así en blanco sobre negro, el Gulag bonaerense establece que el coreano que quiera abrir un kiosko tiene que tener una declración jurada firmada por medio mundo certificando que está ejerciendo “comercio lícito en el país” por al menos cinco años. Por las dudas, tiene que dejar una caución bancaria o en efectivo de 30 mil dólares acreditando el origen legal de esos fondos con una presentación ante la AFIP en nombre de la municipalidad del lugar de radicación.

Si el coreano aun no se volvió a su país, deberá saber que un 80 por ciento del personal que contrata tiene ser argentino, no sé si en cuanto a rasgos, idioma o pasaporte, o alguna definición más gomosa del ser nacional. Lo cual, en verdad, me hubiera ahorrado horas de conversación con mi almacenera de Balvanera, que cada vez que le pedía una tapa de tarta me traía papel higiénico. Agradeciendo desde ya el esfuerzo del Gulag por comunicarnos mejor, declino la oferta por considerarla idiota.

Suponiendo que logró hacer todo eso y aun conserva rasgos humanos, el tipo tiene que agarrar una regla y medir, porque su comercio “nunca podra instalarse a menos de 500 metros de cualquier otro local de rubros similares.”

En el improbable caso de que el coreano aún siga ahí y no se haya inmolado frente a la casa de Solá, un fiel representante del Ser Nacional, el comerciante tendrá que hacerse de un ejemplar del censo, porque el proyecto de ley prohíbe la insalación de comercios cuyos titulares sean extranjeros en poblaciones menores de 25 mil habitantes.

La norma no especifica si los locales deberán tener una marca con pintura que denote su condición de extranjero y coreano.

A los coreanos les queda el alivio de que el Estado argentino, en infinito proceso de descomposición, dificilmente pueda imponer ninguna regla a nadie. Que sino…

America, the land of the free, they say.


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