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Diario del Mundial # 5.2

13 06 2006 - 12:16

Martes 13 de junio. 15.30 hs.

1. Cuando uno conoce a un equipo y a sus jugadores los partidos se ven de otra manera. Especialmente en un caso como el de Francia, uno de los pocos participantes del mundial que tienen vocación de ser protagonistas, es decir, que suelen salir a ganar y a imponer su juego. Por eso ver a Francia resulta un poco como ver a la Argentina: se entiende su movimiento de equipo y a sus individualidades.

2. Para este campeonato, el técnico de Francia se encontraba con un dilema parecido al de Pekerman. Tiene a Zidane (el hermano mayor de Riquelme) con algunos años más pero en buen estado y como indiscutible eje del equipo. Tienen también a Henry, uno de los grandes delanteros del mundo. Podía, para construir el equipo alrededor de Zidane optar, como Pekerman, por acompañarlo por tres recuperadores (Makelele, Vieira y un tercero) y utilizar a Trezeguet, un delantero de punta con experiencia italiana como Crespo. Domenech hizo lo contrario. Puso a Wiltord, más movedizo y menos hombre de área. Pero, además, en los dos amistosos premundiales, había entrado en el segundo tiempo para Francia un joven muy hábil llamado Frank Ribery, que salía a comerse la cancha y le daba movilidad y pujanza al equipo. Era el Messi francés y Domenech lo utilizó como cuarto volante.

3. La idea era buena, y Ribery salió con muchísimas ganas. Pero perdió las dos primeras pelotas y, como suele suceder, su confianza disminuyó. Pero Francia tuvo más problemas: Henry estuvo también impreciso y lo mismo el resto del equipo, hasta llegar a rendimientos realmente muy flojos como el de Vieira, al que hace tiempo no veo jugar bien. El que hizo mejor las cosas (incluyendo varios pases perfectos) fue Zidane, viejo y todo. Pero a sus compañeros parecía faltarle resto físico. Así fue como a Francia le resurgieron los fantasmas: el mundial pasado, un equipo entregado que no pasó de ronda después de perder todos los partidos y sin convertir ningún gol. Y el propio equipo suizo, al que no le había podido ganar en las eliminatorias.

4. De modo que Francia (0) –Suiza (0) fue un partido a pedir de los suizos. Los había visto también en los amistosos previos y me habían parecido un equipo ordenado pero blando y poco peligroso. Pero hoy redoblaron el orden, la fortaleza y hasta la peligrosidad: tuvieron las mejores oportunidades para definir, incluyendo un tiro en el palo. Muy prolijos (y muchos) en defensa intentando atacar con pelotazos por arriba del mediocampo francés, con actuaciones destacadas como el medio Wicky y la de los marcadores de punta Magnin y Philipp Degen. Al final, nadie pudo hacer un gol y se fueron ambos satisfechos. Suiza fue a buscar el empate y Francia corrió riesgos muy serios.

5. Pero no sé bien de qué se alegran tanto. Es cierto que Francia puede explotar, pero se pareció demasiado a ese equipo pinchado que presentó en Corea-Japón hace cuatro años. Me cuesta imaginar, por otra parte, cómo van a hacer los suizos para meter un gol. Aunque tanto Francia como Suiza parecen superiores a los otros dos equipos del grupo, no me resulta claro que vayan a ganarle a Corea y da la impresión de que serán decisivos los goles que cada uno le pueda convertir a Togo.

6. El habitual párrafo para el árbitro, continuando la campaña por la tolerancia referil. Ya anticipé que cuando los partidos se pusieran más parejos, el número de tarjetas iba a ascender peligrosamente. Francia – Suiza no fue un partido incorrecto, pero sí muy tenso y muy disputado. Como resultado, el ruso Ivanov, además de cobrar varias al revés, sacó 8 (¡ocho!) tarjetas amarillas, algunas incomprensibles. A este paso, es evidente que vamos a llegar con los equipos diezmados a las instancias finales, ya que a las dos tarjetas se suspende a los jugadores. En todos estos años, la FIFA ha ido acumulando recomendaciones que no son reglas sino interpretaciones muy rígidas del reglamento: amarilla por agarrar, amarilla por tocarla con la mano, amarilla por no dejar patear un tiro libre, amarilla, por protestar, amarilla por amagar, amarilla por foulear de atrás, amarilla por foul “táctico”, amarilla por simular. Al final, es muy difícil jugar al fútbol así porque se va produciendo una sensación de falta de libertad en los jugadores que sienten que se los amonesta por cuañquier cosa. Pero también es muy difícil dirigir. Hoy, Ivanov amonestó al número 3 francés, Abidal, porque cometió una falta y, casi sobre el silbato, pateó la pelota a la tribuna. Unos minutos más tarde, le tocó el turno de la amarilla a Zidane (no advertí la razón). Poco después, Henry pateó la pelota fuerte y lejos después del silbato. Ivanov se hizo el oso ruso. Lo que intento decir, una vez más, es que si hubiera penalizado todo como dice la FIFA, las amarillas hubieran sido quince.

7. Pero al final, pese al nivel de juego flojo, Francia – Suiza fue un partido tenso, emocionante. Se viene Brasil.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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