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Hernanii Mundial #4

13 06 2006 - 23:46

Dentro de unas horas juega España y otra vez me vuelve a pasar lo mismo: mis tripas quieren que pierda y mi cerebro no entiende por qué.

No estoy solo, de todas maneras: muchos de los argentinos que conozco suelen alegrarse con las derrotas de la selección española (mucho más que con los fracasos de Italia, así que las explicaciones sobre la sangre inmigratoria quedan bastante anuladas). Una explicación que encuentro para esta bronca argentina, y mía, es que no queremos que España se convierta en un grande del fútbol. Que disfrutamos el hecho de que España, con sus jugadores razonables y su Liga de primer nivel, no pueda estructurarse alrededor de un equipo más o menos confiable que juegue cinco partidos seguidos bien. También tenemos pánico: España ya nos abrochó en el tenis –Copa Davis, Nadal—, en la Fórmula 1 –Aloooonso— y en la mayoría de los deportes olímpicos, algo a los que nosotros no le damos mucha bola pero ellos sí, porque casi siempre se traen a casa una docena larga de medallas. Además, si buceo más profundo y me pongo en analista, España no sólo nos superó en todos los deportes menos el fútbol sino que además nos pasó el trapo como país: teníamos ingresos equivalentes y problemas políticos similares en 1975 (dictadores rondando, guerrillas molestando) y ahora son tres veces más ricos que nosotros, promediando a vuelo de pájaro el PBI medido en dólares y el medido en PPP. Es natural que les deseemos la muerte en el único apartado en el que todavía conservamos alguna superioridad. En mi caso, además, también “it’s personal”: durante el Mundial de Francia 98, trabajaba en la sección de Deportes de El País, en Madrid, y el día del partido contra Holanda por cuartos de final, dos periodistas de otras secciones vinieron hasta Deportes a gritarme en la cara el gol de Bergkamp que nos dejaba afuera. Me da algo de culpa desear la derrota de España, porque es un país que me cae muy bien, donde tengo amigos y –atención: se viene un cliché— que me ha dado mucho y donde siempre me trataron muy bien. La culpa se me va cuando recuerdo que en España, por alguna razón que ellos tampoco entienden del todo bien, la mayoría de las personas se excita violentamente con las derrotas futbolísticas de Argentina.

Los brasileños de la oficina hoy vieron el partido con la camiseta amarilla puesta. No es que estuvieran cantando, o festejando, o bailando: seguían sentados en sus escritorios, con las manos sobre el teclado, viendo el partido de a ratos pero con la camiseta puesta, como si fuera una cábala o una cosa obligatoria. Gritaron el gol de Kaká a todo volumen, pero después se fueron aburriendo, como todos nosotros, que para el final del partido ya habíamos decidido dejar de simular que estábamos trabajando y nos pusimos a trabajar de verdad.

Finalmente estoy encontrando buen material para leer sobre el Mundial, pero la tragedia es que la mayoría está en inglés. Como dice Santiago Segurola –el ser humano que mejor escribe de fútbol en castellano (pronto dejará de hacerlo: después del Mundial asumirá como jefe de Cultura y Babelia de El País)—, los ingleses juegan feo al fútbol pero lo escriben mejor que nadie. En Inglaterra se publican libros de fútbol todas las semanas, y hay algunos de ellos ya son clásicos crossover para todas las edades. Uno de esos libros es Football Against the Enemy, de Simon Kuper, que está cubriendo el Mundial para el FT. Así empieza la crónica de Kuper de hoy sobre Brasil-Croacia, que comparto a modo de grajea:

No human team could have lived up to the hype that surrounded Brazil, but last night they fell well short. A paceless performance featuring an appalling Adriano and Ronaldo, the latter looking like an outsize blow-up doll of himself, was saved by a moment of genius from Kaka.

Hay otros libros, como el famoso Fiebre en las gradas, de Nick Hornby, pero no quiero que parezca que los ingleses porque escriben libros tienen una iluminación especial. (Aunque de todas maneras sigue siendo curioso que en Argentina se publican más libros de fútbol-ficción, los llamados “cuentos de fútbol”, que libros de verdad sobre fútbol.) Anyway, no quiero seguir retrasando una confesión algo humillante, y que es que el blog del Mundial de The New Republic, una revista (¡horror!) estadounidense, está muy bueno. Al cierre de esta edición, éste era el último post, escrito por un tal Alex Massie:

If Tunisia lose to Saudi Arabia tomorrow all five African representatives will have been defeated in their opening fixtures. How long will it be before someone, somewhere, publishes an article blaming this unhappy state of affairs upon the excesses of Western capitalism and the neo-colonial, pseudo-slavery of modern football that forces young African footballers to seek their fame and fortune in Europe where they are, predictably, callously mistreated by their heartless employers? (In fact I’d wager the article is already all but written. Probably in London, but it may be ready to be published elsewhere too.)

En Estados Unidos, curiosamente, nadie le da bola al Mundial, con la excepción de los intelectuales, que vienen escribiendo sin parar sobre por qué a USA le importa un carajo el deporte de los pies y de la “Europa socialista”, según dijo un senador una vez en una anécdota que en estos días ya leí por lo menos tres veces. En Slate, como casi siempre, armaron un bonito combo, que será parte de un libro (otra vez los libros: en los mercados maduros, con media idea ya es suficiente para ir encargando las tapas duras; me encanta). Uno de los articulitos, muy gracioso, es de Dave Eggers, un escritor y editor canchero y jovencito al que además le gusta hacerse el gracioso. Otro parrafito, que estoy generoso y ya ni me importa tener que tomarme el trabajo de formatear los links. (“Flopping” es simular un foul):

The second and greatest, by far, obstacle to the popularity of the World Cup, and of professional soccer in general, is the element of flopping. Americans may generally be arrogant, but there is one stance I stand behind, and that is the intense loathing of penalty-fakers. There are few examples of American sports where flopping is part of the game, much less accepted as such. The only one of the big three sports that has a flop factor is basketball, where players can and do occasionally exaggerate a foul against them, but get this: The biggest flopper in the NBA is not an American at all. He’s Argentinian! (Manu Ginobili, a phony to end all phonies, but otherwise a very good player.)

Ya en la descripción de los candidatos al Mundial, en el suplemento especial que salió en The New York Times hace dos semanas, la primera característica que enumeraban de los argentinos era que nos tirábamos todo el tiempo al suelo. Después decían que éramos aguerridos y, finalmente, que teníamos buena gambeta. Sería un intersante reality-check si no estuviera escrito por un medio gringo. Pero tengo algunas ideas al respecto, sobre la autoimagen futbolística de los argentinos –nos vemos como tiradores de caños y el mundo nos ve como Cholos Simeones—, pero castigaré con ellas a los lectores de TP en otra ocasión, que por hoy ya tenemos más que suficiente.


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Del mismo autor:
Loser Wins
La izquierda del tenis
Qué silencio
Hernanii Mundial #15
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