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Pitch Tunisian Fever

15 06 2006 - 08:02

Ayer volví al Fan Fest de Berlin, sin dudas el mejor lugar para ver los partidos. Cada ciudad sede, tiene un fan fest que es el espacio público con pantallas gigantes, escenarios, etc, donde se pueden vivir los choques futbolísticos de manera bastante parecida a estar en una cancha.

El F.F. de Berlin es uno de los más grandes y está ubicado a lo largo de la avenida 17 Juni, desde la Puerta de Brandenburgo hasta el Angel de la Libertad. Tras un riguroso cacheo, uno accede a mezclarse con turistas, algunos alemanes y bastantes hinchas del partido que se transmita. Estilo Exposición rural, a los costados se pegotean stands de chucherías, remeras, promociones y locales de comidas. El turista avispado sabe que consumir ahí no conviene. El vaso de cerveza no baja de € 3,50, mientras que en un super o puesto callejero el porrón no supera los € 2. En el stand de Mastercard te podés sacar una foto con Pelé o Klinsman, o sea con nadie muy simpático, y te la dan impresa en una tarjeta de crédito muy coqueta. Los puestos de ventas de remeras y demás boludeces para el hincha que quiera destacarse tienen bastante surtido, y en casi todos se encuentra algo de Argentina, aunque en la relación con artículos verde-amarelos perdemos 10 a 1, pero con los paraguaguayos ganamos 5 a 1. Casi como en la actualidad futbolística.

Para ver España-Ucrania me ubiqué frente a la pantalla que está delante de la Puerta de Brandenburgo, que es la mejor porque tiene tribunas gratis a los costados. Los seguidores de ambos equipos prefirieron quedarse parados con su banderas frente a la pantalla, aunque sin hacer demasiado barullo. Ni siquiera a los 16 minutos, cuando España se puso dos a cero. A diferencia de Hernanii y su postura de hinchar por el más débil, enseguida me puse del lado de los de rojo, notoriamente superiores a los de Ucrania. España era mucho más, sin desplegar un juego super vistoso, pero efectivo y ordenado. El Niño Torres me puede, es un delantero bárbaro, que obliga, sabe con la pelota y se queja poco. Por algo era lo más incisivo del equipo dirigido por Luis Aragonés. Se ve que Bianchi prefiere un burro como Palermo o Barijho de delantero, porque con este pibe en el Atlético de Madrid debería haber hecho estragos, y su segundo capítulo en Europa como DT tuvo peor final que la de Salas en River. Me gusta España, hasta por la inocencia de sus hinchas. Desde la bandera que colgaba en el estadio con la leyenda “Frente Azulillo” (¡por Dios!) hasta por el irrisorio cantito que hoy repiten “A por ellos oéeee, a por ellos oéee”. Entiendo la antipatía que pueda sentir Quintin, por el conjunto ibérico, pero ayer demostraron que tienen la cabeza bien puesta en la Copa. No aflojaron en casi los ‘90, algun gol podrá haber estado ayudado por la fortuna, pero fueron ataques provocados, al igual que los offsides. Si un equipo cae en el fuera de juego casi 10 veces en un partido, ya no es distracción, sino además un recurso defensivo del rival (que tampoco usó en forma sistemática). En Ucrania todo mal, no sólo su fanatismo por los offside. Triste lo de Schevchenko, y el resto de sus compañeros parecían unos clones de Bastía, con más garra que otra cosa. En los entretiempos, las pantallas te bombardean con avisos de los sponsors. Los detestás a todos, aunque en el de Mastercard aparece unos 3 segundos nuestro querido Max Berliner y te saca una sonrisa. Para tratar de amenizar esos 15 minutos valiosísimos para machacarte con las marcas en tu cabeza, en el escenario principal una especie de Jorge Rossi invita a jugar con una preguntas y respuestas, y alguna otra pavada. Como premio, o pancito duro para los monos, revolean unas remeras y una pelota Adidas de las chiquitas.

Llegó el segundo tiempo y España siguió controlando el partido. Un par de intentos de los Ucranianos, pero nada. De hecho el gol que Revrob se pierde a los 72´ demostró que los de amarillo, no iban a ligar ni siquiera lo poquito que generaran. Además no se puede alentar a un equipo cuya bandera tiene unos tonos papales que son horribles. Ese amarillo con celeste es una combinación bien fea. ¡Fashion emergency para ese pabellón! El postre llegó con un golazo de Torres, que por primer vez me hizo gritar gol por otra selección que no sea la mía. Spanien, como dicen los germanos ganó con autoridad, para Quintín que lo mira por TV.

Con el partido terminado, venía el recambio de hinchas, y en abrir y cerrar de ojos parecía que en el centro de Berlin se venía la Jihad. Banderas verdes, de Arabia Saudita, flameaban junto a otra rojas, de Tunez. Para cambiar de aire, ese partido lo fui a ver a las tribunas que se armaron en Postdamer Platz, que todos los años en febrero es el corazón de la Berlinale. Así que me fui de la Avenida 17 Juni, mientras un arbeitlose (desempleado) recogía botellas de plástico vacías.

En Postdamer, el canal 2DF instaló un estudio de televisión par la ocasión con pantallas por los cuatro costados, y una tribuna gratuita, pero para la que hay que sacar entrada. El partido entre Tunez y Arabia Saudita era malísimo con ganas, pero la fiebre, como dice Hornby, estaba en las gradas. Con un espíritu casi latinoamericano, un grupo de A.S. festejaba todo, desde los pases a medio metro hasta los replays. La torcida tunecina era un poco más medida hasta que el 5 Jaziri pone el 1 a 0 y la gastada fue jodida. Les revoleaban las banderas, los abucheaban y andá a saber qué les gritaban. Yo creo que no se agarraron a trompadas sólo por evitar la deportación. Con el final del primer tiempo tuve suficiente y seguí mi camino.

A la noche jugaba su segundo partido Alemania, que habían festejado la victoria del debut con el mismo entusiasmo que en Argentina se hace con una copa de verano. Durante el partido que jugaron contra Polonia, Berlín se quedó muda y cuando con el aguante Polaco, sostenido por el arquero Boruc que se encaminaba a ser más ídolo que Lech Walesa, a un minuto del final llegó el gol de Neuville. Ahi se escucharon unos gritos y cuando se terminó el partido, hubo bocinazos, gritos y hasta alguna cañita voladora. Ahi los alemanes demostraron que la temperatura corporal, a veces le llega a los 35 grados. Por suerte tienen a un tipo como Campino, cantante de los Die Toten Hosen, que escribe con la camiseta inglesa puesta una columna en el diario Der Tagesspiegel, aprovechando su estadía en Berlín mientras ensaya su personaje en La Ópera de Tres Centavos, a estrenarse en un par de meses.

El martes la ciudad parecía Rio de Janeiro. Como Brasil hacía su debut, impresionaba la cantidad de remeras del scratch. Mucho más que las de Croacia, su rival, que están mucho más cerca. Para un brasilero llegar desde tan lejos y encontrar ese panorama debe ser emocionante, par un argentino, roza el oprobio. El miércoles siguió la fiebre amarilla con otros protagonistas: muchos suecos llegaron a Berlin, a ver si en su partido de hoy levantan cabeza tras el papelón del empate con Costa Rica. Entonces, yo estaré haciendo el bolsito para rumbear hacia Gelsenkirchen.


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