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La filosofía del paper

18 06 2006 - 11:53

Necesitaba un poco de alegría este pueblo cara de orto crónico. Y ahí estamos, saboreando este terrón de azúcar. Todo bien, no tengo nada en contra del mundial, como tiene mucha gente que se dice profunda. Después de todo, el corazón tiene su parte banal. Se alimenta también con fútbol y mueve su piecito cuando suena esa canción pegadiza de moda.

Salí de mi casa el viernes a las 10, con el partido recién empezado. Cuando llego a la parada, siento el primer gol que proviene rarísimamente de los negocios y bares que parecían cerrados, enmudecidos y vacíos pero estaban abiertos, gritoneando y llenos.

Me quedé tranquila por dos cosas: porque los muchachos se las arreglaban bien sin mí delante del televisor y porque vino el colectivo en ese preciso momento (ya era muy tarde). Me subo. Hay una sensación de colectividad extraña ahí adentro y eso me enerva. En realidad, me enerva sentirla también yo respecto de los demás. El colectivero tiene puesta la Rock and Pop y se escucha modular a Sicioli cosas como “esta selección serbia-montenegrina demuestra tener algo de aquél precioso fútbol yugoslavo”. En el trayecto hasta Puente Pacífico se lesiona González y arriba del colectivo, todos dicen “ohhh…”.

Me bajo y tomo el subte. El subte es mudo, no tiene vida. No hay radio ni conductor a la vista. A duras penas hay gente. Intriga total.

Bajo en Facultad de Medicina. Hay algunos puesteros desplegando banderitas, cornetas, gorros. Todo rigurosamente celeste y blanco. Paso por un kiosquito y me agarra la onda expansiva de un gooooooooooool que sale de adentro.

–¿El segundo? –Pregunto yo.
–No, el tercero, preciosa –me dice un tipo.
–Subte de mierda –pienso yo.

Llego a lo del Doctor K (no el padre de Andy, otro). Las secretarias están con una TV hiper chiquitita de esas a pila. Hay una mujer esperando. Pregunto si hay alguna novedad pero está todo igual.

El Dr K me hace pasar.

–¿Cómo estás?
–Bien, pero siento la necesidad de enojarme con todo el mundo y después de enojarme me siento una pelotuda.
–¿Cómo es eso?
–Me siento muy incomprendida; ayer en la facultad me trencé con un profesor.

Le cuento todo el episodio con F.J. F.J. es liberal y analítico. Quiere que no hagamos monografías expositivas, comparativas y repetitivas. Quiere que hagamos papers, que tomemos un argumento de una teoría X, le demos 20 vueltas, demostremos que es inconsistente y propongamos algo nuevo.

A mí la filosofía del paper me da un poco de vértigo. No digo que no sea valiosa o productiva, pero con el paper sólo terminamos tomando argumentos cada vez más acotados de teorías cada vez más acotadas, nos reconcentramos en ellos, los ampliamos o los restringimos, los refutamos o reconfirmamos y creemos que eso es hacer filosofía.

Puede que lo sea. En todo caso, me parece que la filosofía del árbol y la filosofía del bosque no se excluyen mutuamente o, en otros términos: me parece que no hay una sola forma de hacer filosofía.

FJ se enojaría muchísimo con esta última afirmación. Él cree que hay una sola forma: la racional “y si no te gusta andá a hacer poesía”. Claro que la filosofía es racional (no es mitología, no es arte, no es religión) pero tampoco es ciencia. Si los analíticos están tan obsesionados con la ciencia ¿por qué no van a estudiar ciencia? ¿por qué se empecinan en estudiar filosofía y en hacer filosofía como si hicieran ciencia –i.e. con metodología paper– asegurándose bien de proscribir toda depravación metafísica?

Claro que la filosofía es racional, pero la razón no es meramente argumentativa, hay otras formas ampliadas de razón. Una vez le dije esto (siguiendo a los posmodernos) a otra persona, que me respondió: “bueno, tratá de hacer tu tesis de licenciatura sobre algún posmoderno sin argumentar y vas a ver que te la rechazan 150 veces”. Ahí me di cuenta de que la academia es la academia (y no se le puede exigir mucho más) y la filosofía es la filosofía.

A FJ también lo enoja que por nuestra forma de filosofar, a nuestros pensadores no se los publique afuera. Puede ser… Pero es lo mismo que un cineasta argentino se enoje porque sus películas no funcionan en Hollywood. Hay diferencia de recursos y hay ejes de dominación en todos los órdenes, también en el académico.

Le conté al doctor la segunda ofensiva del día anterior. Cuando salí de la facultad también me trencé con la kiosquera de Rivadavia y Puan. Necesitaba cambio y fui a comprar un beldent con 5 pesos. Me da 2 billetes de 2 pesos de vuelto. Le pregunto lo más amable que puedo si no me da dos monedas de un peso. Me dice que no tiene. ¡Tremenda mentira! Me voy indignada y me pregunto por qué me tengo que hacer la tarada con esta señora a la que no me une nada. Bastante es que una se tenga que hacer la tarada con la hermana, con la madre ¿pero con la kiosquera?

Volví y me compré un chocolate de 1 peso y le sonreí: ¿Ahora tenés monedas? No dijo nada. Quedó como el orto. ¿Cuándo comprenderán los kioskeros que una de las funciones básicas del kiosco es tener cambio? ¿O realmente se creen que son tan indispensables los kioscos o que no podemos vivir sin beldent? Comprendo que ir a pedir cambio de una es antipático, pero comprando algo, zafa.

K me dijo que él sinceramente no veía ninguna agresividad en ninguna de las dos situaciones, que le parecían algo normal. Que decir lo que uno piensa no siempre es pelear. Que hay que ver por qué yo lo vivo así. Dios mío… yo pensaba que habían sido dos situaciones de lo más estrepitosas. Ahora estoy más tranquila. ¿Por qué deformaré todo tanto?

En eso pensaba en el colectivo de vuelta, durante el segundo tiempo. Este colectivero escuchaba el partido, pero con auriculares. Hijo de puta angurriento… es un mudial… compartí... ¿No ves que nos une un sentimiento común hoy? ¿No ves, eh? Me iba a acercar a pedirle que pusiera el audio para todos pero me di cuenta de que tenía un walkman. Seguro que la radio no le funcionaba.

La cosa es que el tipo no gritó ni un gol. De repente me empiezo a dar cuenta de que el partido terminó y que la gente está en la calle, contenta, riéndose. En el lavadero de autos de Gaona y Helguera dos tipos se morían de la risa mientras enjuagaban un auto. Nuestro chofer (el hasta hace 5 minutos hijo de puta, mudo, muerto) le tocaba bocina a los grupos de pibitos alocados que pasaban gritando.

Cuando llego a mi casa me sorprendo con el 6 a 0. Yo me había quedado en el tercer gol. Le empiezo a decir a mi mamá que en realidad agarramos a un equipo desmoralizado, que los tipos se llevaban mal por los conflictos nacionales, que el técnico sacó a un jugador montenegrino y puso a su hijo. Mi mamá dijo que eso también hace al juego; que si ganamos, ganamos.

Pongo la tele y veo que los goles fueron lindos ¿Por qué deformaré todo tanto?


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Sajurb Ed Azac
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