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Diario del Mundial # 10.2

18 06 2006 - 12:19

Domingo 18 de junio. 17.30 hs.

1. Viendo Brasil (2) – Australia (0) se me ocurrió que, además de su historia y sus figuras, algo que hace a Brasil popular entre los aficionados es su previsibilidad, su transparencia: todo el mundo sabe cómo va a jugar Brasil. Una buena muestra es que es el único equipo que salió a jugar los dos partidos con los jugadores numerados del uno al once. Dida al arco; Cafú, Juan, Lucio y Roberto Carlos atrás pero con Cafú y Roberto Carlos que se pueden sumar al ataque (a veces también Lucio); Emerson como el volante más retrasado, Zé Roberto con un poco más de ida y vuelta, Kaká dando una mano en defensa pero subiendo en cada ataque; Ronaldinho libre y sin obligaciones; Adriano y Ronaldo adelante.

2. Tan transparente es el juego de Brasil, que todo el mundo sabe también cuáles son, supuestamente, sus dos defectos. El primero (tema favorito de periodistas) es la supuesta debilidad de Cafú en la marca debido a su edad (36). En realidad, Cafú no marca mal, en todo caso no marca peor que Roberto Carlos, pero este tiene una ventaja: Kaká y Ronaldinho se recuestan generalmente de su lado, mientras que del otro suele haber más espacios. Por eso, no hay técnico contrario que no intente crear una superioridad numérica de ese costado, lo que refuerza la supuesta impresión de las deficiencias de Cafú.

3. El otro defecto es más real, pero tiene también sus bemoles. Cuando Brasil va ganando y el contrario abre un poco la defensa por la necesidad de atacar, puede golear con una infinidad de combinaciones. Pero cuando van cero a cero y la defensa está cerrada, el ataque brasileño termina resolviéndose en la media luna del área contraria. Allí, aunque alguno vaya por la punta terminan convergiendo Ronaldo, Adriano, Kaká y Ronaldinho. Muy pocos espacios sobre todo si, como ocurre siempre, la defensa contraria se preocupa por amontonar allí cinco o seis defensores. Se requiere de una gran precisión para crear una jugada de gol en esa circunstancia y es por eso que todo el mundo dice que no pueden jugar Ronaldo y Adriano juntos y que debería entrar, por ejemplo, Robinho que, jugando por afuera, puede liberar más espacio para sus compañeros.

4. Todo bien, pero ningún equipo tiene a cuatro jugadores de esa jerarquía en ese lugar. De modo que, aunque a veces choquen y muchas otras los defensores desbaraten las jugadas, cuando les sale es medio gol. Así fue como Brasil abrió el marcador en los dos partidos, casi desde el mismo lugar y al mismo tiempo, primero con un tiro de Kaká y ahora con uno de Adriano tras pase de Ronaldo. Por ahora, a Brasil le alcanza y, si algo puede reprochársele, es que se conforme con esa idea del ataque y no intente otras variantes. De todos modos, es más de lo que ofreció en 1994, cuando con el mismo técnico, Romario y Bebeto arriba y nueve defensores, salió campeón.

5. Australia salió a jugarle en serio a Brasil, salvo por un detalle. Dejó en el banco a Harry Kewell, su delantero más talentoso. Pero, por el resto, hizo un planteo impecable. Un gran esfuerzo en la marca, que neutralizó a los brasileños durante todo el primer tiempo y la convicción de atacar cuando obtenía la pelota. En eso Australia fue un equipo de verdad y no se suicidó regalándole la pelota a Brasil. Le faltó precisión, profundidad y un poco de suerte, porque esta vez Brasil no estuvo tan seguro en defensa y cometió errores, empezando por Dida. Pero los delanteros australianos, empezando por el tanque Viduka estuvieron torpes en la definición y el gol que podrían haber logrado (a diferencia de Croacia) nunca llegó.

6. Brasil consiguió el primer gol a los 3 minutos del segundo tiempo y, a partir de allí, pudo aumentar antes del último minuto (en el que llegó el segundo gol), pero Australia también pudo empatar, con la voluntad de Grella y Bresciano, su brigada itálica. En Brasil, respecto del partido con Croacia, bajó el rendimiento de Kaká pero subió el de Zé Roberto. Sin brillar, también estuvieron más seguros Ronaldo y Adriano. Incluso Ronaldinho fue un poco más preciso. Cuando entró Robinho, como había ocurrido con la inclusión de Messi y Tevez en la Argentina aunque en menor medida, el ataque brasileño se revitalizó y fue, por momentos, vertiginoso.

7. Y, al final, Brasil ganó de nuevo. Eso también lo hace muy previsible. El árbitro Markus Merk sacó cinco amarillas y molestó poco.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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