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Pickled Nazis Refutation

Jul 24, 2012

Raffo, me corrés con que no puedo argumentar mi crítica de la polarización, lo que vos llamarías mi “bananismo”. Creo que estás equivocado en muchos sentidos, se me ocurren ahora los siguientes.

1) Si bananismo es una suerte de creencia en la distribución equitativa de las verdades, no es mi caso, simplemente porque no me interesa quién tiene la razón. creo que en algunos temas quién tiene la razón es irrelevante. importa más cómo seguimos la conversación. un ejemplo en donde quién tiene la razón SI IMPORTA: INDEC.

Otro: los favores hechos por el vicepresidente para que The Old Fund se quede con Ciccone. otro: la ilegitimidad de usar la afip para apretar.

Un tema donde no importa y no sirve para nada discutir quién tiene la razón, y la conversación no importa y no sirve: la cuestión de si este gobierno es nazi o totalitario.

2) Sobre este último ejemplo, que a su vez es un eje de discusión, argumenté, no en una conversación con vos, sino con Noriega. fueron dos twitlongers, encuentro uno solo:

“agrego a mi comentario del art de @gus_noriega, el uso extensivo, aún más justificado, del término “nazi” al peronismo de los 40 y 50, llevó tembién a verlo como un gobierno al cual se justificaba derrocar. Algunos de los que pensaron así tenían buenos motivos para pensarlo: habían sufrido prisión política, torturas. Del mismo modo, a partir del 55, muchos peronistas, y luego las generaciones que fueron niños o no habían nacido en el peronismo, creyeron que todo gobierno posterior estaba envenenado de ilegitimidad por la sangre de las víctimas de fusilamientos y bombardeos. Acción y reacción que nos condujo a los 70. Entonces, digo, ¿no es mejor cuidar la conversación política en lugar de usar un término estigmatizador, aún cuando su uso extensivo fuera posible? Dejo acá para ver otra escena de la imposibilidad de esta conversación, la conferencia de Scioli”

En el twitlonger anterior a ese, que en el cyberespacio encuentro recortado, básicamente argumentaba que cerrarse en el término “nazifascista” aplicado al primer peronismo, aún cuando tuviera bases para argumentarse (y creo, muchas más que ahora, vistas las prisiones y censuras de aquella época), aisló a la oposición del diálogo no con el peronismo, sino con sus votantes y adherentes.
Si no desarrollé este argumento en una conversación con vos es porque en tu twittlonger de respuesta a la columna mía de Perfil sobre “desertar” del antagonismo, dijiste que estabas CERRANDO (así, con mayúsculas) esa conversación. Cuando alguien a mí me dice que cerró una conversación conmigo, en general, me lo tomo en serio y pierdo el interés en seguirla. Me da pena, como me dio en ese caso, pero no recupero el interés.

Por eso cuando Gustavo la siguió con su columna en La Nación, yo tuve oportunidad de seguir el tema, con alguien que, hasta ese momento, no lo había cerrado. Nunca me contestó, así que no sé si él, como vos, cerró la conversación, o simplemente no tuvo tiempo.

En fin, creo que hay un argumento para pensar en la cadena de acción y reacción del peronismo/antiperonismo, de los discursos que redujeron a los antagonistas a entes despreciables susceptibles de prisión, tortura, bombardeo, derrocamiento, fusilamiento, y creo que puede ser productivo pensar en cómo escapar de una trampa de la misma clase. No me parece que este ejercicio despierte en vos ningún interés, y me lo habías dejado claro, por eso me sorprende que sigas esperando explicaciones o contestaciones a aquel post tuyo. Para mí es fundamental pensarlo, es lo que posiblemente nos permita salir de este círculo enloquecedor. No me interesa lo que vos pienses al respecto, porque me quedó claro que tu pensamiento en esto va por un camino que no dialoga con el mío. Todo bien, pero no veo conversación posible.

Un último tema: por qué digo que no es lo mismo discutir esto viviendo acá que desde UK o desde el exterior en general. Básicamente por lo que digo en el twittlonger: los que creen que este es un gobierno aceptable (54%) o inclusive los que creen que es un gobierno fantástico (según varias consultoras de opinión, alrededor de 25% del total, casi la mitad de los votantes del oficialismo) son las personas con las que convivimos, trabajamos, comerciamos, viajamos, y de las cuales van a ser necesarios, digamos, unos 10 puntos, por lo menos. Para los que vivimos acá, pensar una conversación dentro de 5 minutos con quien piensa distinto, y una alternancia en el gobierno, dentro de 3 años, son cuestiones vitales. Si pensamos (y es más cuestión de cómo pensamos, no de lo que “son”) que son algo así como votantes del fascismo o del nazismo, no es posible seguir conviviendo, sólo el exilio o la resistencia armada (la primera fase del largo malentendido peronista/antiperonista). No pienso que sean eso, no elijo ni la resistencia ni el exilio.

Cuando uno es un expatriado a veces le pasa esto (me pasó a mí, muchas veces, y lo vi y lo veo en muchos amigos expatriados): uno construye un mecanismo psicológico por el cual compensa lo que extraña el país con una imagen de apocalipsis que justifica el seguir afuera, a pesar del dolor del desarraigo. Por el contrario, cuando vivís acá, pensás tu realidad con la flexibilidad y la tolerancia necesarias para seguir adelante con otros que no son ni mejores ni peores que vos, simplemente creen cosas que pueden ser increíblemente equivocadas, pero lo hacen de buena fe (es decir, no con ánimo de sostener los actos de corrupción y autoritarismo que efectivamente caracterizan a esta gestión), creyendo que este gobierno es algo que yo estoy seguro que no es.
En ese sentido, creo que es fantástica una cita del dirigente kirchnerista y ex intransigente, el Chino Navarro, que postié hace unos días. No estoy seguro hasta dónde el es conciente de la tremenda traición a su propio grupo político y de la lucidez sociológica que su declaración implica:

“Los kirchneristas no somos ni marcianos, ni belgas. Condensamos los aciertos y errores de la sociedad argentina en las últimas décadas. De lo contrario, caemos en lo que dice un hermano mío, que cree que el problema central de la Argentina es el peronismo. Las cosas son más complejas. Formamos parte de una sociedad que no se hace responsable de lo que hace. La sociedad argentina le dio consenso a la dictadura. La mayoría dijo: “uh, qué suerte”. Esta es la verdad. Por supuesto que, a favor de esa sociedad, hay decir que nadie imaginó el baño de sangre que se venía”.

En una entrevista que le hicieron en El Ojo Mocho a Fogwill, el decía, citando a alguien que no me acuerdo, algo así como que el argentino que votó con entusiasmo a Frondizi, que se tranquilizó con la dictadura, que se esperanzó con Alfonsín y votó a Menem con expectativa de mejorar, es un tipo lleno de amor. Algo así, es una versión libre la mía. Pero ese tipo es con el que tenés que contar, con el que convivís, y quien puede llegar a votar lo mismo, algo peor o algo mejor. No ganás nada convenciéndote de que es un cómplice de una dictadura. Claro que para eso, para bancártelo, tenés que empezar por pensar que no es una dictadura. Algo que creo esencialmente equivocado por falso y por inconducente. Vos te preguntarás cómo pensaría yo si creyera que es cierto. Ya lo dije: exilio o combate, pero más probablemente el exilio. Sigo acá, sin pasajes a ninguna parte.

Del mismo autor:
Polarización (The GoogleDocs Draft)


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