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El fin de la vía (8)

Feb 20, 2014

Cuando Luján tuvo a Lucas, a los veinte años, estaba estudiando en el Magisterio para ser maestra, pero dejó porque, dice, no tenía paciencia, hoy uno de sus principales atributos. Mientras educaba a sus dos hijos pequeños, trabajó como empleada administrativa, primero en el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y luego bastante tiempo en la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación, hasta que la Alianza llegó en 1999 al poder y se terminó su contrato. Luego, Luján se dedicó a realizar trabajos artesanales con los que subsistía, sumado a los ingresos de Paolo que servían para que a los chicos no les faltara ninguna necesidad básica.

Hasta que un día se la jugó: en 2006 empezó el profesorado de Geografía. De su curso, fue la primera en recibirse, mientras seguía trabajando, criando a sus hijos y un poco a su nieta también. En 2010 tomó las primeras horas y pensó que allí estaba su verdadera vocación: educando a los chicos adolescentes de distintas escuelas públicas, en general de bajos recursos. Luego de la licencia tras la tragedia, Luján siguió enseñando. Durante 2013, completó 17 módulos semanales, sumados cinco colegios diferentes distribuidos entre Mariano Acosta, Padua y Merlo. Pero no es igual que antes.

Este, lamentablemente, es un viaje de ida. Yo quiero a los chicos a los que doy clase. Voy, les explico mi situación. Les dejo preguntar. Les inculco valores, que a la larga serán las herramientas que tengan para decidir en la vida. Me parece un avance que ellos vean la diferencia entre un accidente y una tragedia. Pero mi prioridad es otra y todos lo saben. Hoy es la causa de Once. Aunque no termina ahí. Porque ponele que mañana los condenan y están presos… Yo sé que siguen muriendo pibes porque no tienen agua, que siguen matando a los QOM, que sigue habiendo trata, que siguen habiendo narcos. No me sale decir: ‘listo, ya está…’. Sería una incoherencia de mi parte venirme a descansar cuando hay otras mamás que tienen que seguir peleándola. Hoy me pregunto cómo no acompañaba a los familiares de las víctimas de Cromañón cuando mi hijo en esa época escuchaba a Callejeros y hasta podría haber estado allí. No se volverá a repetir.

Luján hoy forma parte de una red antimafias, rechazó ser candidata a diputada en las últimas elecciones nacionales, aunque se lo ofrecieron distintos partidos. “Por un lado, lo que puedo ver en estos últimos años es una especie de resignación. Creo que la gente se ha sumido en la resignación. Es cierto que tenemos una democracia joven y que de estos treinta años tenemos diez con un mismo gobierno. Yo creo que esto que ellos llaman década ganada para mí ha sido una continuación de una naturalización de algunas situaciones que hacen que la gente se resigne. Y creo que hoy la gente no sale o no reacciona porque hay muchas cosas que las incorporó como naturales. Como que son parte de la vida. Cuando vos tenés el principal dirigente de un país que cuando choca un tren y mueren 52 personas sale a decir que son hechos de la vida, automáticamente invita a todos a pensar que la vida es así: que los trenes chocan y la gente se muere. Que los boliches se incendian y la gente se muere…”.

Ante este diagnóstico, Luján pide una profunda autocrítica a la misma sociedad a la que le agradece por su apoyo constante a los familiares: “En cada convocatoria, yo siempre escribo ‘acompañanos’. Pero te tenés que dar cuenta de que en realidad lo estás haciendo por vos. No por mí. Si a mí no me van a devolver a mi hijo. Si yo no voy a tener la vida que tenía. Lo que pasa es que eso es un laburito lento, de hormiga, pero también me parece que esos cambios invisibles son la semilla de profundos cambios que algún día se van a ver, que realmente modifiquen la estructura de esta sociedad. Me tocó a mí como te puede tocar a vos. Eso es lo importante. Está bueno llevar donaciones a La Plata para darle a la gente inundada en abril, pero está más bueno acompañarlos ahora, cuando los tipos quieren que los responsables de tantas muertes se hagan cargo. Porque no se inundó La Plata porque llovió mucho. Se inundó porque nunca se hizo una puta obra. Y cuándo te vas a dar cuenta de que a vos te puede pasar lo mismo. Por ahí no se inunda. Por ahí te puede pasar otra cosa. Por eso la gente se tiene que comprometer”.

Al celular de Luján llegan cientos de mails, menciones vía Twitter, mensajes via Whatsapp, Facebook o SMS. No solamente hay saludos y muestras de apoyo; muchas veces le piden ayuda a ella. Por un caso de gatillo fácil en un pueblo de Entre Ríos, también la mamá de Leonela Noble, la chica atropellada y asesinada por un taxista a principios de 2013, o en relación a los inundados en La Plata. Todas las causas son justas, aunque acudir a otra víctima para conseguir acompañamiento y que hayan repercusiones públicas, refleja dos cuestiones: 1) Ni Luján ni nadie aisladamente puede soportar tanta demanda por situaciones trágicas y menos aún resolverlas con éxito. 2) El Estado está mucho más ausente de lo que se intenta hacer creer desde el poder.

Es lo que me toca y trato de convivir con eso lo mejor que puedo. No es fácil que la gente te conozca y más aún cuando uno no se preparó para esto. Por ejemplo, el sábado a la tarde luego del último choque de trenes en Once, en un momento ya no había más que hacer y me fui al cine, desconectándome por un rato. Éramos unas diez personas en la sala. El de adelante mío se da vuelta y me pregunta, confundido, qué película era… ‘Es la de Woody Allen’, le respondí. ‘Ah, vos sos…’ me reconoció al verme y me saludó. Obviamente le agradecí, pero existe un momento en el que pedís que nadie más te identifique”.

Es imposible saber cuál será el fin de esta historia. Si los responsables de la tragedia de Once serán condenados; si los trenes alguna vez funcionarán como lo hacen en un país civilizado; si Leonardo podrá recuperar del todo la vida que casi se le escurre el 22F; si Luján encontrará en la búsqueda de justicia por diferentes causas sociales el verdadero fin que la siga movilizando. Haya o no respuestas para todas estas inquietudes, quizás lo más complejo sea saber si de este tipo de masacres la sociedad aprenderá la lección y construirá un nuevo fin colectivo: vivir (y viajar) sin perder la dignidad en el camino.

Del mismo autor:
El fin de la vía (7)
El fin de la vía (6)
El fin de la vía (5)
El fin de la vía (4)
El fin de la vía (3)
El fin de la vía (2)
El fin de la vía (1)


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