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Salió el camello

May 14, 2009

Buen día. Empecemos por lo más importante de todo: hay disco nuevo de Wilco, y en la tapa tiene un camello en una terraza. Con eso solo ya alcanza para ponerse de buen humor, pero subimos la apuesta y lo ponemos entero en rotación random en Radio TP, hoy y mañana. Si lo quieren escuchar mejor, en el site de Wilco hay un stream a 256.Y aprovechamos la oportunidad para recomendar los programas de Noriega y Panozzo, que repiten hoy.

El correo: mucho, pero escueto, e inusualmente amable. Decenas de mails celebrando o agradeciendo el daily (weekly) de Casas sobre Borges, unos cuantos participando tardíamente de la discusión sobre D’elía que nos consumió el domingo, y uno anónimo, alentador, sin subject, que dice solamente:

¡gracias!

De nada.

Salvo por el misterioso oasis de la radio, el elenco estable está de vacaciones autodeclaradas hasta nuevo aviso, así que no tenemos mucho más que reportar por ahora. La Asociación Cooperadora de TP (padres y maestros) se sigue reuniendo cada tanto, sin embargo, como consecuencia de la discusión iniciada por las cartas de Ivana y Eliseo. Reproducimos a continuación algunos intercambios de esa conversación infinita, y cumplimos en informar que el domingo habrá radio a la hora de siempre.

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raffo

Hoy me llegó por correo propaganda electoral del Labour Party, que cada día me cae peor. A veces me pregunto si no será un acto reflejo completamente arbitrario e injusto, una identificación superficial con el peronismo que me hace sospechar de todo lo que dicen, pero después me acuerdo de la guerra y concluyo que no, que lo que me molesta son ellos y cómo nos han venido cagando con un discurso de igualdad y prácticas políticas que no tienen nada que ver con lo que predican (o, dicho de otro modo, que la identificación no es tan superficial, ni arbitraria). La educación ni se menciona en el panfleto laborista local, ni en ninguno de los de otros partidos, lo cual sugiere que el tema no es prioridad, ni percibido como problemático. Es cierto que vivimos en una zona que se jacta de tener una sobreoferta de escuelas públicas sobresalientes (tal vez los panfletos en Liverpool sean muy distintos), pero no conozco un solo padre que no ocupe gran parte de sus conversaciones sociales hablando (y quejándose) de cosas que tienen que ver con la educación, y también estoy seguro de que los padres votan. Hay varias explicaciones para esta contradicción, dos de ellas pertinentes: una es la gran cantidad de instancias intermedias de comunicación entre padres e instituciones educativas (no todas funcionan bien, pero todas existen) y otra es que la educación no es acá rehén de la política, o al menos no de una manera tan flagrante como en Argentina. No creo que esto último sea un problema nuevo. No sé dónde está exactamente el punto de inflexión, pero si me apuraran diría que es bastante después de Sarmiento y un poco antes de Laica o Libre, en ese postulado genial (y horrible, al mismo tiempo) de que “los únicos privilegiados son los niños”. Genial por lo bien que suena, por la promesa de igualdad implícita, por cómo convoca a todos a una gesta épico-romántica bajo un techo compartido indiscutible. Pero horrible, claro, en cuanto establece a “los niños” como algo distinto, ajeno, la Nueva Plastilina a moldear, mientras los despoja de lo que les corresponde como derecho universal, al convertirlo en privilegio. ¿Qué privilegio, la puta que te parió? ¿Cómo PRIVILEGIO?

Ese postulado de mierda no sale de la nada: las mejores infancias son privilegiadas, y nuestras vidas se definen, más que por ninguna otra cosa, por las relaciones que establecemos con personas que cargan con la herencia de sus infancias más o menos felices que la nuestra. Esto es así en la jungla capitalista más acérrima, en la Utopía Socialista, y en Un Mundo Feliz; trasciende la justicia social y la igualdad de oportunidades y depende de miles de factores familiares que me doy cuenta perfectamente no es sobre lo que estamos conversando acá, pero no los puedo obviar por completo, hay que mencionarlos. Sobre todo porque algo de razón tiene Fishbein cuando identifica el resentimiento como motor de la historia (sólo que a mí la historia no me cae nada simpática, así como está). La escuela, en mi ideal romántico, está ahí más que nada para desactivar (en la medida de lo posible y dependiendo del caso) una locura inmanente que es siempre individual y que a veces termina expresándose socialmente más tarde. La manera en la que la escuela hace esto es dándole elementos a los chicos para experimentar empatía. Claro que ya los padres hicieron algo de esto, pero incluso en el mejor de los casos hicieron (hicimos) menos de lo necesario para que alguien sobreviva en una sociedad más o menos compleja sin convertirse en víctima o en monstruo. El desarrollo emocional de los chicos (de los chicos chiquitos, digo, early primaria) me importa más que el académico, y esto es algo que se puede hacer en una escuela pública o en una privada. Digo, sugiero, aclaro: lo más importante de todo trasciende este debate pública vs. privada, y está lamentablemente fuera de la agenda, como suele suceder con las cosas más importantes.

¿Laica o Libre? Laica, obvio, y cómo vas a decir “libre” — por suerte algunos términos insultantes pasan de moda. Ya sucederá lo mismo con pro-life y pro-choice, espero. Laica, claro, pero una cosa que aprendí acá es que si otras cosas más importantes funcionan bien, lo demás se decanta y pierde la significación espantosa de las polarizaciones extremas. Ejemplo: acá es toda “libre”, en el sentido de que Religious Education forma parte del currículum nacional, un horror. Y sin embargo nunca viví en un país en el cual lareligión le chupe más un huevo a la gente, adentro y afuera de la escuela. No me pregunten cómo fue el proceso, porque ni hay bibliografía (busqué) ni parece fácil de entender, pero RE, y las assemblies (una suerte de actos escolares que tienen lugar mucho más a menudo que los nuestros, no me queda claro si todas las semanas o todos los días; o a veces todas las semanas y a veces todos los días) son folklore, algo así como la monarquía, que mi amiga Kate, que si fuera Argentina escucharia a Leon Gieco, suele defender con el argumento de que la realeza “son como pets, como tener un gato”. Obviamente a mí la idea de cualquier educación religiosa me para todos los pelos. Me horroriza la idea del “niño cristiano”, tanto como la del “niño leninista” o el “niño neurocirujano” o el “niño pornógrafo” — son cosas que no van juntas, no pueden ir juntas. Y así fue que gambeteamos las múltiples oportunidades de mandar a Miranda a Church Schools que se supone que son buenas, y en las cuales “no te joden nada”. Todo bien con la tolerancia, pero la tolerancia indiscriminada no es tolerancia sino estupidez o desidia. Cuando en todo el mundo las religiones sean tan inofensivas como acá, charlamos. Por ahora, paso. (Y está por verse que sean tan inofensivas acá, ya que estamos. Desde Blair actuando por indicación divina hasta las Madres Darth Vader con su Burqa yendo a buscar a los chicos a la escuela, para no hablar de la más inconstatable influencia puritana en las costumbres privadas. Sigo adentro del paréntesis, ya que mencioné al niño pornógrafo: no lo voy a hacer yo porque no me da el cuerpo ni el espíritu, pero ahora que es más fácil acceder a videos porno amateur de alguien que a su perfil en Facebook, alguien debería analizar sistemáticamente la relación entre la religión oficial en el país de origen (del video porno) y el desempeño de sus participantes. Algo hay ahí. No es fácil, porque en realidad todas las personas que se filman cogiendo y suben el video a Internet comparten más entre sí de lo que podrían compartir con el resto de sus compatriotas, pero alguna manera debería haber de factorear eso y usar la data, que es tanta).

Me fui al carajo. Brener me guía. Contesto sus preguntas:

¿Fui a colegio privado? ¿Público? ¿Me siento mejor persona por eso? Primaria privada, secundaria pública. Mejor, ni ahí. Claro que no. Incluso al revés. No “al revés” porque me sienta peor persona, sino porque en mi caso la influencia de la primaria (privada) fue más diversa, más libre, más parecida a lo deseable que la de la secundaria (estatal). Pero bueh, ahí está la diferencia esencial entre primaria y secundaria, también, así que no vale. Pero el error que cometemos todos ahí es asimilar privado con homogeneidad y público con heterogeneidad. Depende, depende. A veces pienso (y después me arrepiento, see below) que en una sociedad ideal, en la cual el compromiso político/ciudadano fuera algo tan normal y aceptado como no cagar en la calle ni treparse a los semáforos, la educación privada no tendría razon de ser y el Estado se haria cargo de la diversidad. Porque hay algo en la justificación para la existencia de la educación privada que sugiere un abandono del Estado, un Estado que no te contempla: “Soy mormón, necesito mi escuela-secta.” Pero también: “Soy bilingüe” o “Soy más hippie” o “Tengo prioridades distintas”. A veces, como en mi caso, que hice la primaria en los peores años de la dictadura, la institución privada ofrece también de hecho (más allá de lo que diga que ofrece) más diversidad que la pública: social dependiendo del caso y la zona, pero sobre todo cultural y emocional. Mi secundaria era apenas más heterogénea en términos socioeconómicos pero era notablemente homogénea en los otros aspectos: estaban TODOS igual de hechos mierda, aunque supongo que menos de lo que están ahora, si tengo que juzgar partiendo de los indicadores culturales que tengo a mano.

¿Qué más? Diversity. Hace poco leí un libro de Bruce Perry, un psicólogo medio hippie que se epecializa en trauma infantil y que atendió a los chicos de Waco (los que vivían con los Branch Davidians ahí, acuartelados) durante y después del sitio. Me sorprendió la conclusión del capítulo sobre Waco:

“The children who did best after the Davidian apocalypse were not those who experienced the least stress or those who participated most enthusiastically in talking with us at the cottage. They were the ones who were released afterwards into the healthiest and most loving worlds, whether it was with family who still believed in the Davidian ways or with loved ones who rejected Koresh entirely. In fact, the research on the most effective treatments to help child trauma victims might be accurately summed up this way: what works best is anything that increases the quality and number of relationships in the child’s life.”

The quality and number of relationships. Suena a sentido común, pero yo no lo habría expresado así, tan simple. Y sin embargo es una muy buena síntesis (aunque, claro, “quality” asume una cierta plataforma común en la conversación para no volverse materia opinable, pero supongo nos la podemos permitir acá, entre nosotros). En última instancia, cada uno sabrá qué quiere decir quality and number en la sociedad que le toca. Lo bueno es que nos vamos acercando a una definición menos coyuntural y más útil de lo que haría falta en la escuela.

Tentativamente, a partir de lo que venía diciendo antes:

Diversidad (en el sentido de “quality and quantity of relationships”)

Elementos y oportunidades para un desarrollo emocional sano (empatía).

Rutina y repetición (en el buen sentido, también; no repetición robótica sino la de una serie de personas, espacios y herramientas que están siempre, no faltan nunca, permiten el aprendizaje que sólo se puede dar despacio y en dosis repetidas a lo largo del tiempo).

Seguridad (en ambos sentidos: que no te corten el pelo en el baño, y también la seguridad de saber que la escuela está ahí, que no depende de Macri, y tampoco del estado de ánimo del sindicato de turno — más sobre esto luego).

Un sentido de justicia/igualdad de derechos en el trato entre los chicos y entre los chicos y los adultos.

Tiempo para jugar.

Espacio físico adecuado. Lugar donde moverse, pararse, saltar, corretear, hacer las cosas que los chicos hacen. Esto es obvio pero no tan habitual, por eso lo agrego.

Yo creo que todo eso sumado es una buena base. Después si tenés maestros geniales, más o menos Legos, un parque o un patio más grande o más chico, bueno, son todas cosas que aportan pero sin las cuales se puede sobrevivir. Digamos que maestras que te quieran es más importante. Claro que yo preferiría que hubiera más investigación en el área y que los contenidos didácticos se modernizaran más a menudo, pero el lado bueno de esto es que el canon tradicional en la materia, para los más chicos, tampoco es tan terrible. I mean: Piaget se mandó unas cuantas cagadas, y ya las señalaron algunos de sus propios discípulos hace treinta años, pero así y todo, ateniéndose a Piaget y con los elementos básicos que punteo más arriba y que están, en lo teórico, a disposición de cualquiera desde la década del ’60, tenés una escuela bastante decente. Parece una suma de obviedades puesto así (y además estoy seguro de que me estoy olvidando de alguna cosa que voy a recordar como imprescindible más tarde), pero lo que quiero decir con esto es que es tan obvio que es fácil perderlo de vista y enredarse en las horribilidades de la semana o del mes.

Sospecha bien Brener re South Downs. La diversidad de acá es entendible en el sentido que le da él. Pero también en la escuela que nos tocó (o, mejor dicho, en la que nos costó conseguir lugar, lo cual debería servir como indicador de que siempre va a haber un gradiente entre instituciones, por más policy que le pongas encima), yo agregaría dos puntos más. Uno: el socioeconómico —— amplia gama, un 65% de chicos pobres-pobres, y el resto dividido entre upper class (las mamás que veo a la mañana en sus Audis 4×4 y que vienen de sus mansiones en el campo) y “nosotros”, clase media en su variado espectro de difícil sintonía fina, porque el aspecto físico no dice mucho y la manera de hablar es un quilombo con tanto acento y dialecto nacional impenetrable. Y el otro: la escuela a la que va Miranda está diseñada para albergar a un alto número de chicos “con problemas”, que (con la ayuda de docentes especiales) comparten la clase con el resto de los alumnos “normales”. Curiosamente, el daily de Lezcano sugiere que algo así estarían intentando en algunas escuelas del conurbano, ¿no? Andá a saber. Obviamente no elegimos la escuela por eso, nos enteramos después, pero terminó siendo algo muy interesante, como experiencia concreta y también como metáfora. Cada vez me cuesta más separar la política de la ecología. O tal vez debería decir que los únicos gestos políticos en los que creo, a esta altura, son los que afectan directa y positivamente un ecosistema X. Y no es lo mismo que a Tom Culo, que tiene problemas, su maestra le diga que es una persona con posibilidades y derechos equiparables a los de cualquier otro mientras Tom Culo se sienta en una clase compuesta enteramente de mogoliquitos,y al mismo tiempo otra maestra le insiste a todos los chicos normales sobre la inconveniencia moral o práctica de discriminar a los chicos como Tom Culo; no es lo mismo todo eso, digo, que la situación que veo todos los días, en la cual Tom Culo recibe un trato igualmente respetuoso y optimista de parte de los 25 compañeros no mogoliquitos que comparten con él la jornada escolar, que además lo quieren y se hacen amigos de él, no es que “lo toleran”. Como con tantas otras cosas en la vida, no es lo mismo la expresión de deseos que la constatación efectiva de que de hecho es así. Y de hecho, sólo puede ser así, si es así, si esa igualdad se expresa en la vida cotidiana. A esto me refería con Tom Culo como metáfora.

Sigo con Brener:

“La escuela pública es la mejor manera de integrar las diferencias y de promover la igualdad de oportunidades”. Sí, y entonces ¿por qué los que vivimos cerca de la zona sur de la ciudad, en donde cae todo el aluvión de pobres que viven extramuros o bajo las autopistas o en hoteles o en villas huimos a llevar a los chicos a colegios que estén del lado norte? ¿Queremos de verdad igualdad de oportunidades? La igualdad de oportunidades, hoy en día, ¿no suena un poco a dádiva, a planes sociales? ¿No querremos para nuestros chicos algo “un poco mejor” que la igualdad de oportunidades?¿la igualdad actual no suena a que hay que empobrecerse para que se concrete?”

Ah, ¡pero ese es el gran error del progresismo militante, de las buenas conciencias progresistas! Pensar que la causa noble se expresa haciéndote renunciar al iPod, jamás creando las condiciones para que todos puedan tener iPod, si quieren. Es el viejo tema de Dennis Moore y la redistribución del ingreso. Por eso enumeré cosas básicas más arriba. Establecidas las condiciones básicas, cada uno sabrá que significa “empobrecerse” en cada caso. Por otra parte, hay cosas que está muy bueno que las pueda proveer la escuela, pero ni sucede ni es indispensable. Si mi hijo quiere ser concertista de piano, mejor que no espere esa formación de la escuela pública, por el sencillo motivo de que es impracticable. Lo que la escuela púbica debería darle es la posibilidad de saber que puede ser concertista de piano, si quiere. Dada una sociedad en la que ese deseo sea posible, claro, pero ahí ya nos vamos nuevamente al carajo.

Ghetto: Fuera de la escuela, los chicos viven cada vez más en ghettos. En las grandes ciudades es así. Acá en un pueblo es bastante mejor, pero en Inner London, y en Buenos Aires también last time I checked, para no hablar de Los Angeles, donde tenés la escuela, el auto, y tu casa como únicas opciones, hasta que cumplís doce y agregás el Mall. Es otro tema que da para largo.

¿Por qué a la zona norte? Clustering. Sin una política clara (y, diría yo, agresiva) de monitoreo constante y programas de ayuda específica en las áreas que cada escuela necesita, y eficacia (y honestidad, etc) en las partidas presupuestarias, terminás preso de la tendencia natural al Clustering, el proceso por el cual los que se parecen se juntan, desplazando a los que se parecen menos. Esa es una charla que venimos teniendo con Ivana desde hace rato: las benditas cooperadoras, que tanto bien hacen o deberían hacer en casos individuales, también son síntoma y causa de la tendencia al clustering. El Estado no está en condiciones de ser igualitario y eficaz, entonces uno empieza a hacer lo que puede, todos hacemos lo que nos parece mejor dentro de nuestras posibilidades, y por supuesto que está bien que así sea, pero a los cinco o diez años tenés un barrio con escuelas buenas y otro al que nadie se quiera acercar, en el cual empieza a bajar el valor de la propiedad, etc, etc. Es absurdo pedirle a los demás un sacrificio que nadie tiene por qué hacer. Y es falso que no haya salida individual. Esforzarse por hacer lo que es mejor para uno y para su familia no quiere decir necesariamente que la sociedad se vaya a la mierda. Del mismo modo que tener iPod no te descalifica para la sensibilidad social, en un escenario no ya perfecto sino, digamos, “normal”, me parece completamente compatible procurar la mejor educación posible (en el barrio X) y al mismo tiempo actuar políticamente para achicar las diferencias entre el barrio X y el barrio Y. Aunque sea votando al que te parece que va a achicar esas diferencias. Eso suponiendo que hubiera alguien a quién votar a quien le preocuparan estas cosas.

Finalmente, y breve que me tengo que ir a dormir: La lucha de los maestros. Sindicatos. En estos casos siempre pienso en términos de juramento hipocrático. Primum Non Nocere. Hagas lo que hagas, sea cual sea tu especialidad, pensá que trabajás en el E.R. En este caso, no dejes a los chicos sin clase. Bah, qué se yo, UN DIA, como medida espectacular y simbólica, un paro nacional de docentes, sí, cómo no. Los chicos felices, se van a jugar a la plaza. Pero estos paros por tiempo indeterminado hacen mierda todo. En ese sentido los sindicatos no me generan ninguna simpatía. El abuso de las medidas de fuerza en Argentina es algo delirante.

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lezcano

Los padres, es verdad, Ivana, de los colegios pobres, están ausentes. Los mandan a escuelas públicas porque les queda cerca de la casa y hay comedor y, por suerte, es gratis; no hay ninguna convicción ideológica detrás de esa decisión. Pero la mayoría de los docentes que trabajan en esas escuelan también. Es decir, les queda cerca de la casa o pudieron pegar muchas horas allí, los que les ahorra tener que correr de una escuela a otra para poder juntar lo mínimo para poder comer. Y no te hablo de ir a comer afuera, te hablo de que los fines de semana te puedas masticar con placer un puto matambre a la pizza. O sea, que tenemos docentes mal pagos y sin posibilidad de progresar intelectualmente porque no cuentan con los medios económicos necesarios para ir a un miserable seminario o ir, por hablar de actividades vedadas a una enorme cantidad de personas, al BAFICI.

Eso por un lado. Por otro, me parece percibir desde mi lugar de docente que la mayoría no tiene intereses sociales desde una perspectiva colectiva, pensando en que construyen un todo social que mejore el futuro. Mentalmente se adaptaron de la peor manera, conciben su tarea desde una óptica mercantilista y especuladora, y actúan como lo haría un operario de fábrica — lo sé porque en mi vida laboral fui mas peón de fábrica que profesor de Lengua. Con la diferencia de que el docente puede faltar muchas más veces a su laburo que el operario, y no se ensucia las manos, salvo cuando toca la tiza (elemento que el Estado no provee y que el docente debe comprarse, junto con un borrador.) La relación que tiene con su trabajo es la misma. Si está la guita lo hago, si no, paro. En ningún momento está presente la figura del niño. Ni para bien ni para mal. Lo que me lleva a coincidir con algo que planteas: el paro a esta altura no sirve como acción efectiva. Y no sólo porque no se perjudica a quien debería, sino también porque el paro es utilizado para cualquier estupidez menos para idear planes de mejora a un sistema educativo que, es evidente, está desintegrándose sin posibilidades de recomposición a la vista.

Trabajo en escuela donde las realidades de los pibes es de una extrema desolación, muy triste todo. Y yo les hablo mucho para que usen la cabeza, para que no se compren tantos buzones, para que entiendan que hay vida después de los veinte años. Ayer un colega me dijo que la docencia era una trampa. El otro día entra un preceptor a un curso y me dice que les va dar una buena noticia a los chicos. Mañana no hay clases por paro de auxiliares, chicos, dice, y me guiña el ojo. Los pibes saltaron de alegría y yo pensaba, la reconcha de tu madre, pelotudo. Con personas así no se puede recomponer la terrible concepción que se tiene de la educación en todas partes. Ese tejido se ha roto por situaciones de este tipo, donde asoma la cabeza el desprecio por una actividad que tendría que ser valorada desde una perspectiva distinta a la de la economía y, también, a la del entretenimiento. Un aula no es un estudio de televisión, ni un recital de rock, ni un parque de diversiones. Es un lugar diferente, con sus momentos de placer y otros en los cuales hay que poner el bocho en acción, loco. Tenemos que comprender esto para buscar estrategias que ayuden a mejorar nuestro trabajo y no contribuir con esa idea estúpida de que todo es divertido salvo la escuela. Si uno no está mínimamente interesado por su materia, difícilmente pueda trasmitírselo a los demás. ¿Será que a nadie le importa ni siquiera aquello a lo que se dedica? ¿Por qué no veo a Profesores de Lengua con libros en la mano? ¿Por qué en la sala de profesores los temas dominantes son: el próximo feriado, a los alumnos hay que matarlos, y el clima?

A un instituto terciario van muchísimas personas a buscar trabajo. Creen que la Facultad, la UBA o cualquier otra, es cara o difícil, entonces como última alternativa van a un profesorado pensando que es una pavada porque les cabía el tarado que daba Lengua en segundo, el tipo siempre me aprobaba así que me va ir rebien. Total, salgo en un par de años con laburo asegurado, piensan y te lo dicen sin pudor, los muy turros. Cosa que, a veces, lamentablemente ocurre. Cada uno hace lo que puede con su vida, claro, se la rebusca con mayor o menor suerte, no quiero hacer de esto una diatriba moral. Pero esta viveza perjudica su desempeño como futuros docentes porque se desentienden de los conocimientos básicos que hay que adquirir para enfrentar un aula e intentar transmitir algo medianamente estimulante. Muchos de esos alumnos-futuros-docentes, yo les vi la jeta no me lo contó nadie, concurren a los terciarios como lo hacían en el secundario, con la misma actitud, con la intención de terminarlo lo más pronto posible, como quien sufre una condena sobre la espalda. Te hablo de gente mayor de edad, grandotes boludos, que fueron voluntariamente a estudiar algo que supuestamente le gusta y los ves sin el más mínimo interés por la materia, ni ganas de apropiarse de los contenidos. Entonces luego aprueban con lo justo, con cuatro o con cinco, en los finales y salen felices y súper satisfechos porque la idea, de última, no era aprender, sino terminar con esa cagada que es estudiar, ¿no? Cuando se reciben, en su puta vida los vas a ver con un libro bajo el brazo. Esas personas no piensan en términos de Privado o Público. Para ellos la educación no es un compromiso ni una formación constante, sino algo a lo que se dedican lo menos posible.

En el tema Organización Social Combativa no me voy a meter. En mi familia, salvo yo, nadie tiene más que el secundario completo. Fui toda mi vida a la escuela pública. Y esa parte de mi prontuario me llevaba a pensar en la escuela privada como una Empresa más que como una Institución educativa. Yo sé, ahora, que es falsa esa idea. Los docentes, tanto en las escuelas públicas y privadas, siempre en algún momento recibieron sugerencias de actuación acerca de cómo realizar su trabajo. Aprobá a éste, por qué tiene tantos desaprobados, y cosas por el estilo. El tema es, me parece, la representación enaltecedora que se tiene de las Privadas y la denigrante que se posee de la Pública. Sobre todo en las clases medias y medias bajas, si es posible que eso exista todavía. Yo me crié en un hogar pobre (ahora suenan violines de fondo) y escuchaba todo el tiempo eso de que la privada era mejor. Pero no se tenía en cuenta ninguna cuestión de contenido educativo, pedagógico, ni ideológico. Les parecía. Me parece que les gustaba el uniforme y todo ese circo. Hoy en día sucede lo mismo. El prestigio ganado por una privada es a fuerza de no hacer paros. Y, claro, con el precio de la cuota. De todas maneras estas polarizaciones no me gustan.

Del mismo autor:
TP is busy (tired)
The Big Narváez
Néstor Kirchner, la (primera) película
Aftermath (Charosky/Raffo)
Intermezzo
Pickled Nazis
The Tenembaum Gap
Fuegos Artificiales
La última Navidad
La bella y graciosa moza


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