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Verdura

Jun 15, 2009

Buen día. Aquí Raffo transmitiendo desde Bill’s en Brighton, bastante contento con la calidad de las verduras, sentándose a tomar un café que le durará exactamente veinte minutos, así que allá vamos. Dos anuncios:

1. Estamos enterados de que Fibertel sigue sin reconocer los DNSes de Radio TP. El problema es intermitente, pero siempre el mismo. Lo resolveremos esta semana, todavía no sabemos cómo.

2. Por fin terminó de renderear la versión definitiva del TSD #04, en High Definition. Reemplazamos en archivo anterior por este (que pesa mucho más y se ve algo mejor), pero aclaramos que también se puede ver en baja resolución si tarda mucho en cargar (hay una opción que dice “turn off HD”). Perdón por la demora.

Bastante correo esta semana, desordenado y casi obsoleto después de tres días, teniendo en cuenta la vertiginosidad no de la campaña ni de (mucho menos) nuestro ínfimo aporte hasta ahora, sino de lo que sucede en el blog de Gargarella al que por suerte se puede acceder sin problemas aunque esté hosteado en una dimensión paralela. Rima, lo siento, no puedo revisar hoy. Intentaremos encontrar el tiempo para comentar más tarde las iras de Pepe Monja, que nos interesan bastante, pero cumplimos en reportar algunas reacciones al daily que publicó Gargarella aquí el lunes pasado. A favor, Emilio Sadier, que además de compartir (con uno) el alivio de encontrar almas afines, nos dejó lo que más nos gusta: preguntas de difícil respuesta:

Notable, Gargarella, notable! Y no por lo que dice —que no es distinto a lo que varios venimos pensando y balbuceando desde hace varios años, generalmente en voz baja para evitar discusiones inútiles y largos silencios en fiestas y casas ajenas—, sino por el hecho-de-decirlo, con sobriedad y altura.

Ahora, ya que lo deja picando: ¿el progresismo puede ser otra cosa que ese fallido pacto entre liberalismo y conservadurismo? Dicho de otro modo: ¿no es “progresismo” justamente el nombre de ese pacto? Y consecuentemente: ¿cómo desplegar una perspectiva “populista—mayoritaria”, al decir de Gargarella, que conjure tanto la unión espantada de los otros dos términos como un acercamiento suicida y/o disgregante a uno de ellos?
Too many questions for a winter morning, de todos modos.

Más bien en contra pero concediendo un poco, comentó Luciano Kahn:

Tiene buena parte de razón, don Gargarella, excepto que omite algo: ¿porqué se levanta frente al kirchnerismo la más formidable coalición, perdón, conservadora? (conservadora en serio). Un poco está claro: porque el kirchnerismo se ha convertido hoy en día en un obstáculo. Pero ¿porqué obstáculo? ¿Porque interviene groseramente el INDEC? ¿La UIA le teme a la chavización de la economía? ¿Por su retórica? Y….mnno.

No fue el único en disentir por la vía de lo que Gargarella no dijo. De hecho, ese fue el mismo argumento enarbolado por Marcelo de Barrio Norte (“falta una pieza: el acotadísimo margen de maniobra de todos los gobiernos del Tercer Mundo, e incluso los centrales, bajo amenaza de aislamiento, embargos y neurosis colectivas varias”), y también por el habitual Roberto Bobrow, en un largo mail que incluyó tags en negrita al mejor estilo Clarín (los sacamos, porque no hacen falta) y también la previsible dosis de links con propaganda oficialista (también los sacamos, también porque no hacen falta):

La nota de Gargarella es tan notable por lo que dice como por lo que calla.

Dejando de lado el dudoso valor hermenéutico de la tríada que propone y la descripción que hace del “conservadorismo” kirchnerista, lo más notable es la lógica interna de su discurso.

Como los liberales llegados a gestionar el gobierno —nos dice Gargarella— no se animan a expandir su base de apoyo en la dirección populista—mayoritaria (lo cual supone —digo yo— que llegaron en la cresta de una ola revolucionaria y no en la precariedad de la más profunda derrota social) se vuelcan a las estructuras conservadoras, manteniendo —eso sí— la retórica progresista. Lo que vendría a constituir algo así como una gigantesca estafa, un ejercicio de hipocresía. Nada cambió, estamos en el 2001.

La contrarrevolución conservadora ya se ha consumado —dice la lógica gargarelleana— así que si mañana llega al poder Macri, no pasa nada, porque ya pasó.

Bueno, no es así; Gargarella parece haber vivido en Londres desde el 2003. Para oponerle un solo caso: mi esposa llegó a los 60 años sin poder jubilarse porque con cada crisis sucesiva perdió la continuidad de los aportes. Este gobierno no sólo limpió los establos de Augías del Pami (¿remember Matilde Menéndez, Barrionuevo, et al.?) sino que incorporó 1.800.000 excluídos como ella.

Es cierto, el gobierno de Kirchner no enfrentó al capital concentrado que durante 17 años (desde que Alfonsín renunció a Grinspun) había ido quedándose con los espacios cedidos por el Estado. No, se dedicó a desendeudarse y a acumular un superávit que le permitiera a ese Estado recuperar su capacidad regulatoria. ¿O no sabemos que si no fuera así, ya habría sido fulminado con la hiperinflación tan añorada?

Pero Gargarella nos dice que hay alternativas y nos promete revelarnos en una próxima nota la ubicación del Santo Grial. Hablemos claro: yo no soy peronista; no me gustan muchos aspectos de su cultura y de su dirigencia. Pero no son peores que lo que el pueblo argentino es. Ni que los socialistas (“se acabó la leche de la clemencia”), los comunistas ni los radicales.

Todos tienen un muerto en el placard, empezando por Solanas, cuyas películas de los ’70 engañaron a muchos jóvenes que murieron creyendo que Perón les traería el Socialismo Nacional. Pero —como no soy un solipsista ni un rencoroso— lo voté (a Lozano) pensando que desde afuera empujaría al gobierno hacia la izquierda.

Y llegó la 125. El Congreso dió lugar a todas las voces y la mayoría oficial cedió a la izquierda todas las modificaciones necesarias para corregirla. El objetivo parecía cumplido, pero no. Lozano votó y operó para la derrota del gobierno. Para el fortalecimiento de la corporación ruralista. Para la sociedad Rural.

Y de esa miserabilidad ya no se vuelve; aunque ganen unos puntitos ahora pronto descubrirán que desde el resentimiento y la soberbia es fácil destruir, pero se construye muy poco.

Puricelli me parece honesto, no un miserable. Ojalá que entre y le vaya bien. Pero mejor que se desprenda pronto de la lógica Solano—Gargarelliana de que “kirchnerismo=menemismo” por su propia dignidad y para no ser responsable de entregar nuevamente al país en manos de los que van a privatizar hasta el aire y volver a reestructurar la deuda externa para hacerla ilevantable.

No nos corresponde contestar por Gargarella, pero a título personal y aprovechando la disposición benévola que produce estar rodeado por tomates y berenjenas frescas (¡produce el produce!) [perdón], diré que coincido con Bobrow en dos puntos:

1. Yo también quiero que a Puricelli le vaya bien (no sólo en la campaña, sino en general, en la vida).

2. Yo también me pregunto si Solanas todavía piensa como en La Hora de los Hornos. No se trata de hacer macartismo retroactivo: uno es capaz de perdonarlo casi todo. Pero no estaría mal que se expidiera al respecto. ¿Los Beatles siguen siendo el Mal? ¿Y el Di Tella?

Qué linda la disquería que aparece en La Hora de los Hornos, eh. Eso sí.

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