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Mil años

Aug 14, 2009

Buenas noches. Para mi cumpleaños me regalaron un piano de verdad (John Brinsmead and Sons, circa 1900) y una máquina de hacer helados. Las dos cosas demandan mucho trabajo y, sobre todo, mucho tiempo. Existe la posibilidad de que aprenda a tocar bien el piano antes de que pueda extraerle un helado decente a ese artefacto infernal. En cualquier caso, si ya tenía poco tiempo antes, ahora tengo menos, y es por eso que me encuentran ahora haciendo las valijas del espíritu, dispuesto a convertir estos días de rehab —durante los cuales no leí los diarios, ni intercambié siquiera comentarios en privado sobre la vida pública— en algo permanente.

Parecería que no, pero embalar con la mente es mucho más lento que hacerlo con las manos. No es como Matilda. Es más bien como The Fury, un esfuerzo espantoso, las manos rascando el apoyabrazos del sillón para conseguir que los objetos se muevan unos centímetros. Y como sucede con cualquier mudanza, además, uno encuentra cosas con las cuales no sabe qué hacer. ¿Con esto qué hago? ¿Lo tiro? No, cómo lo voy a tirar. Antes de que termine el verano debería poder sentarme a escribir el daily que debo desde hace rato, pero mientras tanto, si me disculpan, me voy a poner a ordenar algunos papeles que tengo ahí apilados desde hace meses.

Llegó bastante mail en las últimas semanas, y más —en esta última— del que podemos procesar. Obviamente no voy a hablar de fútbol, porque no sé, ni puedo, ni quiero. (De todos modos sé que Hernanii estuvo contestando esos mails uno por uno, así que me quedo tranquilo.) Hoy recibimos un mail y varios referrals anunciando el improbable regreso de Fishbein, encarnado en una especie de bestia híbrida compuesta por monstruos distintos, parecida a las que hace James Croak. No hace falta aclarar que es al revés: Fishbein se nutría de esos autores para componer su discurso de impostor. Pero mientras Fishbein ahora toma sol en el Océano Índico, feliz de haber cumplido con su misión, ellos siguen con lo mismo. No se aburren nunca. Philip Glass es Fred Frith al lado de estos tipos. Igual van escalando, eso es cierto. Este comunicado tiene el volumen más alto, a tono con el del resto de las declaraciones de estos días, incluyendo las de CFK, hoy mismo, preguntándose quiénes son los ricos (respuesta: “¡Ustedes!”) y denunciando un “fusilamiento mediático” que suponemos consecuencia inevitable del tráfico de armas virtuales que denunciaba Kirchner hace un año. Es así. A las armas mediáticas las carga el diablo mediático. ¿Y en casa de herrero mediático? Cuchillo de palo… mediático. And you hear these funny voices, in the Tower of Song.

Bueno, ridículo todo, ya sabemos. Imposible. Lo de siempre. ¿Qué hacer? Diego Casoni, desde Bahía Blanca, nos escribe en la mejor senda posible, celebrando un reciente acto de contrición que involucraba a John Hughes y Fito Páez:

Raffo, noté un rasgo de clemencia en tus palabras que me interesó.

Todas las batallas y enfrentamientos que estamos presenciando a través de los medios producen efectos. Me acuerdo cuando era chico y nos tocaba ver como otros dos pibes se peleaban; la adrenalina empezaba su camino en la cabeza de los que eramos espectadores y nos sentíamos más dispuestos a la acción. Qué animales podríamos ser.

Pienso en la horda de soldados, asesinos y depredadores que componen el staff de nuestros antepasados (me refiero a los de la humanidad). Uno esta enterado de lo que pasa con gente aparentemente inofensiva cuando las circunstancias habilitan comportamientos que en situaciones de sujeción a las leyes son prohibidos, cuando la impunidad es posible.

La semana pasada leí los comentarios que uds hicieron sobre el debate de LLP. Uno diría desde la perspectiva anterior que un brusco intercambio de agresiones verbales y de insultos hirientes no tiene demasiada gravedad. La gente que discute con fervor e inclusive con violencia no es necesariamente capaz de algo peor. Pero todas las expresiones contienen por lo menos dos canales. Un canal es el que habla de los hechos o de las cosas — el canal del tema en sí, el que expresa la idea. Y el otro canal es el que habla (de manera implícita) de aquél que lo expresa.

Todo este verso para la siguiente pregunta: ¿Es la pasión por la busqueda de la verdad, por el tema en sí, por las ideas lo que alargó tanto los comments de LLP? “No entendiste nada imbecil,” me contestaría cualquiera de los participantes,“a las ideas hay que ponerle el cuerpo si no no sirven para una mierda”.

OK,OK!Yo creo en la acción política y en la necesidad que ha tenido el hombre de “poner el cuerpo” de la manera más concreta a la más simbólica, según el caso. Lo que me pregunto ahora es si ese “poner el cuerpo” responde más a la lógica que pide la acción o responde a una pulsión más básica, ancestral, animal, de dominio del otro.

Ahora no tengo ganas de juzgar un hecho tan natural como la deglución.
La energía que nos lleva situarnos con/entre/respecto/a los otros es atroz. La necesaria zona política interior que todos tenemos es capaz de copar todo nuestro ser. El caminito que va desde la aceptación de que el otro existe y —después— de que el otro podría ser uno mismo, parece ser más largo que el que nos separa de los personajes de la serie “Roma”.

Por suerte o porque los años nos muestran a una señora más imbatible que todos los adversarios, uno se siente un poco más pacificado con el entorno y se despreocupa del propio rol y parece dirigir la mirada de una manera más directa a las cosas no a través de aparatos clasificatorios de dominio público.Una mirada absolutamente personal que solo le puede interesar y servir al autor.Una mirada que deja afuera a todos los demás.Ese es un lugar muy solitario.Tal vez muy egoísta. Las flacas verdades que uno obtiene ahí creo que son las únicas y no le sirven a nadie más. Yo quiero vivir ahí.

En esto me hizo pensar eso de El problema es uno. Dejemos vivir.

“When I hear a sentence, I hear feet marching,” decía Thoreau, que podría perfectamente irse a tomar un café con Casoni. Y es verdad, si uno no considera que lo de Thoreau sea también una “sentence”. Es fina la línea que nos separa de los vegetales si nos privamos de la posibilidad de afirmar algo de vez en cuando. Lo que quiero decir es que el problema es uno, pero no siempre.

Respecto de Fito Páez, por ejemplo, el problema sólo puede ser uno. Después de mi comentario de la semana pasada hice los deberes. Escuché todos los discos de Páez en orden cronológico, sin parar, durante dos días. Mentiría si dijera que me gustó todo, pero justamente de eso se trata: no hace falta que me guste todo. Ni siquiera hace falta que me guste algo para entender lo que tiene de bueno (Circo Beat es la definición perfecta de esto último). Ahí sí, el problema es uno.

Con temas como Fishbein, en fin, ahí no estoy tan seguro de dónde está el problema.

Una vez revelada la identidad (o, mejor dicho, la ausencia de identidad) de Fishbein, recibimos unas cuantas respuestas, que no comentamos en su momento porque eran de una virulencia extrema, y nos parecía una provocación innecesaria a pocos días de las elecciones. Después del resultado de las elecciones, comentarlas parecía todavía menos apropiado. El oficialismo había perdido, no había motivo para ensañarse con ellos, y al fin y al cabo, todos tenemos un mal día.

Pero no es casual que Fishbein siga existiendo en el verbo, en vez de haberse extinguido como habría sido más deseable. Los hijos de Fishbein (que son sus padres) están peor que nunca. Si conversar era difícil antes, ahora es imposible: simplemente no sucede más, y cuando sucede es para marcar más la cancha, para asegurarse de que nadie pueda vivir fuera de las categorías del manual, para extinguir toda posibilidad de vida anfibia. En este contexto, no parece muy útil reproducir aquí los comentarios risueños, alentadores o elogiosos de quienes disfrutaron del Estilo Fishbein. Pero tal vez sea saludable compartir alguna evidencia de los procesos de pensamiento que permiten que su discurso se perpetúe sobreviviendo al chiste.

Una mayoría numérica de los comentarios indignados por el experimento Fishbein vino firmada por miembros o periferia del site Artepolitica. Estoy seguro de que este es un dato revelador, pero no tengo idea revelador de qué. Ya se me va a ocurrir algo, cuando sea demasiado tarde. Otro dato revelador es que no dicen todos lo mismo, como es costumbre ahora en los blogs cada vez que el Dios de la Extensión Doctrinaria le dicta algo a Artemio. Los mails indignados por Fishbein tenían marcadas diferencias de estilo, lo cual sugiere que eran reacciones genuinas, humanas. No los vamos a citar a todos porque tampoco es cuestión de ensañarse con la gente ahora, que están tan exaltados. Vamos a elegir el mejor, o el peor, o las dos cosas: un mensaje firmado por Lucas Carrasco.

Hola. Así que te pusiste un nombre falso, entraste a una comunidad y corriste a todos por izquierda. Muy lindo.

Pero lo hiciste virtualmente, porque esa metodología del infiltrado buchón, que luego se jacta —jeje, los corrí por izquierda y nadie se dio cuenta— se hace virtualmente, no personalmente. Porque en mi caso te cagaría a trompadas, gil

El nombre me sonaba de la blogósfera y también —recordé cuando vi lo de “cagar a trompadas“— de la columna de Wainfeld. (En el único mensaje que recibí de él en mi vida, Wainfeld también amenazaba con cagarme a trompadas. O, más exactamente, a cadenazos. Mediáticos no dijo. En fin, es un hombre grande, y es comprensible que necesite utilería. En cualquier caso, parece que el procedimiento es muy común en ese ámbito). Pero —de nuevo— cualquiera se puede confundir. Así que respondí explicando que eramos varios, que la internet no es precisamente una comunidad, y que no habíamos entrado a ningún lado. Por las dudas, qué se yo. A veces pasa que les hablás y se tranquilizan. No siempre:

Usar un nombre falso, ingresar en un espacio que uno caracteriza como diferente a uno, plantear posiciones más a la izquierda en ese espacio, joder luego que “nadie se dio cuenta”, sugiriendo que “son unos boludos que ni saben lo que dicen” es, sin más, el esquema del infiltrado durante los años 74 y 75, y luego, sin dudas.

Entiendo que sos un pibe muy inculto, además de cobarde y maricón, que se escuda en el diálogo para acometer los viejos métodos de la derecha, entiendo que te entiendas como inocente, así funciona la cabezita de gente como vos en estos tiempos donde otros tienen la manija, entiendo que quieras dialogar, así funciona la política de la derecha, entiendo que no entiendas que no creo que te mientas, entiendo que entiendas que te sentís amenazado; por quien no usa ni usará tus métodos, entiendo que jamás de los jamases puedas entender la diferencia.

Y entiendo que, simplemente, te cagaría a piñas si no fueras un vulgar cobarde que la juega de intelectual popr mail, incapaz de saber lo que dice, incapaz de sentir lo que dice, incapaz, basura, de poner el cuerpo. Esa metáfora tan remanida, para vos, cobarde, basura.

Ninguno de los mejores intelectuales de la derecha usó tus métodos, tampoco ninguno de los inteletuales del progresismo golpista llegó hasta tanto.

Yo sólo te quiero recordar, que si vos tuvieses nombre, apellido, lugar de residencia y trabajo, como lo tengo yo, quizás hasta te podría, si leyera algo tuyo serio, respetar. Pero sos un cobarde, una basura, una persona de muy baja, pero muy baja dignidad.

Y te juro que, como entré en ese sitio recomendado por uno de ustedes que ahí escribe, te juro que él te puede contar: yo tengo memoria; pasarán mil años antes de que me olvide.

Te lo puedo asegurar, yo soy el que te firma, no soy otro.

Pasarán mil años.

Mil años.

Bueno. Mil años es, evidentemente, mucho tiempo, y a mi paciencia para estas cosas no le queda mucho más que quince minutos. No sé cómo se mide la dignidad, sospecho que no en términos de altura, pero no importa, porque la mía es inexistente. Nada de todo esto existe en un lugar que yo tenga algún interés en habitar. Es difícil ver adónde desembocan todos los elementos sueltos citados en esta nota, y en el resto de las que venimos escribiendo desde 2004, pero es facilísimo darse cuenta de que no querés estar ahí cuando suceda.

A título personal, puedo decir que intervenir en la arena pública me parecía interesante post-2001, cuando parecía abrirse una oportunidad de recomponer las sinapsis perdidas de la política en medio de los restos del derrumbe. Esa oportunidad fue vista por muchos amigos (y no tan amigos) como algo distinto: la posibilidad de refundar una suerte de leninismo criollo-cavernario que habían tenido en mente en su juventud y sólo habían abandonado brevemente durante los ’90, por motivos que alguna vez alguien deberá indagar más profundamente. Yo no.

Llevo cerca de tres décadas esperando que el tren iluminista pase por la política local repartiendo helados, discos de John Darnielle y libritos de Isaiah Berlin. No va a pasar. No iba a pasar nunca, nunca estuvo previsto que fuera a pasar, y yo ya hice lo humanamente posible para entretener a los otros pasajeros que esperan.

Lo único que me queda, eso sí, son un par de helados (¡tengo la máquina!) para las próximas semanas.

Stay tuned (que viene Panozzo con un programa excelente).

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